La elegancia sin florituras, el color negro, la libertad de movimientos del cuerpo. Gabrielle Chanel, conocida artísticamente como Coco Chanel, imprimió a la moda un estilo que sigue vigente 50 años después de su muerte, a la vez que es recordada por una intensa vida amorosa y un oscuro papel durante la Segunda Guerra Mundial.

La diseñadora más influyente del siglo XX transformó el guardarropa femenino al dejar de idealizar el cuerpo de la mujer como la mayoría de sus colegas masculinos de la época, apostando por que la prenda revelara la personalidad antes que las formas. “Un mundo llegaba a su fin, otro iba a nacer... Requería sencillez, comodidad, pureza. Yo ofrecía todo eso”, resumía al evocar sus inicios en los albores de la época.

Desde la camiseta marinera hasta el vestido negro, pasando por los trajes de tweed que siguen imperando en los desfiles de la firma, la diseñadora francesa creó sin parar durante siete décadas para ofrecer comodidad y libertad a la mujer, sin renunciar al lujo de la alta costura. “Lo único que necesita una mujer es confianza y carácter”, decía Chanel, que era la primera en lucir sus creaciones, una mezcla entre lo ordinario y lo ‘chic’, lo masculino y lo femenino.

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Ella no inventó el vestido negro, pero lo hizo suyo y a su propio estilo. “El vestido negro es una forma abstracta de vestido con el que todas las mujeres se sienten encantadas”, escribe el historiador francés de moda Olivier Saillard. “Pero Chanel no se conformaba con esto: apagaba los colores, confeccionaba con un tejido de punto ordinario, decapitaba el vestido, suprimía cuellos, quitaba, sacaba, borraba todos los contrafuertes decorativos”, resume.

Nunca atendió a los dictados de la moda, guiándose sobre todo por su intuición. La crítica internacional la aclamó desde el principio y la acompañó mientras erigía su imperio, dirigido desde los elegantes salones de la tienda parisina de la calle Cambon, con su famosa escalera decorada de espejos.

Del amor y otros demonios

Esta diseñadora también dio qué hablar por su vida privada abundante en historias amorosas, la que más le marcó fue la que mantuvo con el amor de su vida, el empresario inglés Boy Capel, fallecido en un accidente de auto. Muchas de estas historias de amor fueron vividas en el hotel Ritz de París, donde residió durante décadas en una suite de 188 metros cuadrados, hasta su muerte a los 87 años.

La relación que más sospechas levantó fue la que estableció con un encargado de la embajada alemana en París, Hans Günther von Dincklage, un espía durante la Segunda Guerra Mundial. Pero no fue sino hasta 2011 que fue acusada abiertamente de haber colaborado con el régimen nazi en el libro Durmiendo con el enemigo, la guerra secreta de Coco Chanel del periodista estadounidense Hal Vaughan, quien en su texto la tilda de anticomunista y antisemita.

“Vaughan aporta pruebas incuestionables de una implicación grave de Chanel con los alemanes”, declaró entonces la escritora francesa y autora de una biografía de la diseñadora, Edmonde Charles-Roux, asegurando toda vez que nunca le escuchó un comentario antisemita. El grupo Chanel desmintió también que la icónica diseñadora tuviera esa característica, admitiendo no obstante que su papel durante la Segunda Guerra Mundial conserva “una parte de misterio”.

Fuente: Olga Nedbaeva y Anna Pelegriafp, AFP.


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