Avi Zinger tiene la costumbre de hacer sonreír a los niños con sus helados. Pero el israelí, dueño de la franquicia local de Ben & Jerry’s, se encuentra inmerso desde hace algunos días en el centro del conflicto entre su país y los palestinos.

“Vamos a seguir vendiendo en todas partes”, afirma a la AFP Zinger en su fábrica ubicada en el pueblo agrícola de Beer Tuvia, al sur de Tel Aviv, donde trabajan 160 empleados durante el verano.

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El fabricante de helado estadounidense se metió en el conflicto israelo-palestino, al decidir sumarse a la campaña de boicot de las colonias judías en Jerusalén Este anexado y Cisjordania ocupada. En esos Territorios Palestinos, 670.000 israelíes viven en colonias consideradas contrarias al derecho internacional.

En los círculos propalestinos, el anuncio de Ben & Jerry’s –que reivindica compromisos progresistas y dice defender la protección del medio ambiente– fue recibido como una victoria. El diputado árabe-israelí, Ayman Odeh, difundió en las redes sociales una foto suya con un pote de helado de la empresa. “Mi dieta va bien”, escribió para subrayar su apoyo a la decisión de boicot.

En teoría, Zinger podría celebrar esta publicidad gratuita. Pero el Estado hebreo respondió de inmediato lanzando una contracampaña contra el fabricante de helados. El gobierno israelí combate de manera feroz desde hace años al movimiento BDS (boicot, desinversión y sanciones) para conseguir el final de la ocupación y colonización en los Territorios Palestinos.

“Alarma”

El embajador israelí en Estados Unidos pidió a 35 estados de ese país utilizar contra Ben & Jerry’s las leyes anti-BDS que adoptaron y que consideran al boicot de Israel como “antisemita”. El primer ministro israelí, Naftali Bennett, llamó a la dirección de Unilever, gigante alimentario propietario de la marca, y el presidente Isaac Herzog calificó la decisión de boicot de “terrorismo económico”.

“Pero el presidente debería agradecer a Ben & Jerry’s porque hicieron sonar la alarma: o Israel entiende el mensaje y actúa para poner fin a su ocupación, o enfrentará un boicot total”, indicó la Autoridad Palestina. El fabricante estadounidense precisó de todos modos que permanecería en Israel, a pesar de que sus productos ya no sean vendidos en los territorios ocupados.

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Sea como sea, Avi Zinger teme por sus helados y dice que quiere venderlos a todos: tanto a los palestinos como a los israelíes, vivan en Tel Aviv o en una colonia. Afirma no tener “derecho a negar a quien sea comprar helados” cuando el termómetro supera las 35 grados centígrados el verano en Israel y en los Territorios Palestinos.

Según Zinger, es a raíz de su negativa a acatar la orden que el fabricante decidió no renovar su acuerdo de licencia, que vence a finales del próximo año. Mientras tanto, la planta de Beer Tuvia continúa funcionando, aunque sus empleados se preocupan por el futuro.

“Separar política y helados”

“Temo por mi empleo y el de mis amigos que trabajan aquí”, confía a la AFP Ayelet Damlao, de 38 años. “No es simple descubrir de repente que puedes perder tu trabajo”, lamenta esta controladora de calidad. En las redes sociales israelíes primero se multiplicaron los llamados al boicot de los helados, antes de que la tendencia se invirtiera rápidamente y los israelíes se lanzasen a apoyar a la franquicia local opuesta a la decisión de la marca estadounidense.

“Vine a apoyar a Ben & Jerry’s en Israel, que rechazó plegarse a pedido del grupo de no vender en los territorios ocupados y que va a continuar vendiendo a todo el mundo. Hay que separar política y helados, no tienen nada que ver”, explica Moshé Weizman a la AFP, que se acercó a comprar a la tienda de la planta con su mujer y sus dos hijos.

Avi Zinger, un “optimista” convencido que importó la marca hace 35 años, espera que Ben & Jerry’s dé marcha atrás, como Airbnb en 2019. La plataforma de reservas de alojamiento había anunciado que renunciaba a publicar ofertas en las colonias israelíes de Cisjordania ocupada. Pero, objeto de una demanda judicial en Israel, revisó su decisión.

Fuente: AFP.

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