Con la conmemoración y la celebración del miércoles de ceniza, el pueblo católico da inicio al tiempo cuaresmal, y en el marco de este periodo caracterizado por la reflexión y la introspección, el obispo Adalberto Martínez, a través de su cuenta oficial en la plataforma “X”, hizo un llamado de tolerancia y unidad en pos del bienestar del pueblo paraguayo.
“Siguiendo las palabras del Papa Francisco, recordemos que a través del desierto es que Dios nos guía a la libertad. Es en los momentos más oscuros y desafiantes de nuestra vida en los que encontramos las oportunidades para crecer y fortalecernos”, indica.
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El obispo destacó además la importancia de que todos los ciudadanos sean parte de la construcción de una democracia participativa y pluralista, pero siempre teniendo en cuenta el rol fundamental de cada uno, contribuyendo para fortalecer la democracia y la paz social.
“Que este tiempo de Cuaresma nos inspire a ser mejores personas y a buscar la reconciliación y el bienestar de nuestra República. Que nuestra fe nos guíe en cada paso que demos y nos acerque cada vez más a Cristo”, remarcó.
Este año, el jueves y el viernes Santo se celebrarán el 28 y el 29 de marzo, por lo cual la cuaresma concluirá el 31 de marzo con el Domingo de Pascua y Resurrección.
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“Vivamos esta Cuaresma como un tiempo de curación”, dice el papa Francisco
El papa Francisco, convaleciente en el Vaticano tras más de cinco semanas hospitalizado por una grave neumonía, instó este domingo a los católicos a vivir la Cuaresma como un “tiempo de curación”, en el séptimo rezo del Ángelus en el que no estuvo presente.
El pontífice argentino, de 88 años, abandonó el hospital Gemelli de Roma el domingo pasado tras 38 días de hospitalización por una neumonía bilateral que puso en peligro su vida en dos ocasiones. Jorge Bergoglio debe ahora proseguir su convalecencia de al menos dos meses, con terapias de rehabilitación y sin actividades públicas, indicaron los médicos.
Francisco volvió a ausentarse este domingo para la oración del Ángelus, que suele pronunciarse a mediodía desde una ventana del Palacio Apostólico que da a la plaza de San Pedro, publicando en su lugar un texto. “Queridísimos, vivamos esta Cuaresma, sobre todo en el Jubileo, como un tiempo de curación”, escribió, refiriéndose al periodo previo a la Pascua, el más sagrado del calendario cristiano que este año se celebra el 20 de abril.
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“Yo también lo estoy experimentando así, en el alma y en el cuerpo”, añadió. Y continuó: “La fragilidad y la enfermedad son experiencias que nos unen a todos; pero con mayor razón somos hermanos en la salvación que Cristo nos ha dado”.
“Ligeras mejorías”
La Santa Sede informó el viernes que el papa presentaba “ligeras mejorías” y progresos en su capacidad de hablar. Antes de abandonar el centro médico, el papa apareció públicamente con aspecto débil, hinchado y con la voz frágil, respirando con dificultad. Fue la hospitalización más larga de sus 12 años al frente de la Iglesia.
El jesuita argentino ofreció el domingo sus oraciones para las víctimas de los conflictos en Ucrania, los territorios palestinos e Israel, Líbano, República Democrática del Congo y Birmania, golpeada por un terremoto.
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También dijo que seguía “con preocupación” la situación en Sudán del Sur, donde en las últimas semanas se recrudecieron los enfrentamientos entre facciones rivales que combatieron en la guerra civil de 2013-2018. Francisco también instó a entablar cuanto antes nuevas negociaciones en Sudán, país devastado por la guerra.
El líder de los 1.400 millones de católicos del mundo señaló que “gracias a Dios, también hay acontecimientos positivos”. Calificó de “excelente logro diplomático” el reciente acuerdo fronterizo entre Kirguistán y Tayikistán, considerado clave para la estabilidad de Asia Central.
Fuente: AFP
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IV Domingo de Cuaresma (C)
- POR EL HNO. MARIOSVALDO FLORENTINO
- Capuchino.
También hoy muchas personas aún piensan que las bendiciones, la atención y el cuidado de Dios son un derecho reservado solamente a aquellos que siempre hacen todas las cosas bien. Ciertamente el Señor aún hoy escucha muchas reclamaciones, que cuestionan su actitud, en relación a los pecadores, y que quieren enseñarle a, cómo castigar a los malos. Es para responder a estas críticas que Jesús cuenta la bellísima Parábola del Hijo Prodigo. Y hoy él nos cuenta a nosotros. Conforme sea nuestra vida, cada uno de nosotros podrá identificarse con uno de los dos hijos. Cada uno de ellos tiene un comportamiento muy característico y un modo de relacionarse con el Padre.
El hijo más joven es aquel que agarró toda su herencia y dejó al padre. Él entendía lo que significaba ser un hijo, esto es, tener derecho a la herencia, pero no entendía lo importante que era estar junto con el padre. Malgastó todos sus bienes. Probó la dureza de la vida. Hizo la experiencia de una profunda humillación (que en este evangelio es descrita con el hecho de tornarse un servidor de chanchos y no poder ni comer la comida de ellos). Y así, en el sufrimiento él descubrió cuanto había perdido. Entendió que estar cerca del padre, aunque ahora sin ningún derecho, sería lo mejor. Y decidió empezar el camino de retorno. Ciertamente no era fácil. Tuvo que vencer su orgullo. Estaba decidido a humillarse. Ya tenía hasta programado decir al padre: “Padre, pequé contra Dios y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus empleados.”
Es muy importante este gesto del “retornar”. Es ser capaz de revisar la decisión. Es querer reempezar la vida. Es asumir públicamente que se había equivocado. Ciertamente la reacción del padre sería otra si al envés de volver, él hubiese mandado a alguien solamente a pedir dinero, porque estaba muy necesitado, pero queriendo seguir la misma vida.
El padre cuando ve al hijo que retorna a su casa, se llena de alegría, y le ofrece a él mucho más de lo que él se merece. El padre entendió que la vida ya le había castigado, y le había dado sus lecciones. Por eso le recibe con un abrazo. Le cubre de besos. Le devuelve la dignidad colocándole el anillo, vistiéndolo y calzándolo. Manda a matar el mejor novillo y hace una fiesta. En su corazón de padre, entiende la justicia a partir de la misericordia.
El hijo mayor, al acercarse a la casa, no entiende lo que pasa. Pero, creo que sospechaba, pues él conocía la tristeza de su padre desde que su hermano había partido, y por eso no fue él mismo a ver lo que sucedía, prefirió preguntar a un empleado. Cuando descubrió que era su hermano que había retornado, se llenó de rabia, porque le parecía muy injusto, después de todo el mal que hizo, premiarlo con una fiesta. Nació en su corazón también el celo. “¿Por qué a él todo esto, y a mí, que soy bueno, nada?”, “Yo siempre obedecí, siempre trabajé, siempre estuve aquí... y nunca recibí nada...”, “¡Yo merezco, pero él no!”.
El padre reconocía todo el valor de este hijo mayor y por eso salió fuera para buscarlo. Pero, él descubrió algo muy triste: el hijo mayor, aunque le haya sido siempre fiel, se sentía más bien un empleado y no un hijo, al acusar al padre de no haberle dado nunca ni un cabrito para hacer una fiesta con sus amigos, él estaba revelando que no se sentía dueño, que no se sentía heredero. Tal vez todo lo que siempre había hecho, no era por estar convencido de que esto era lo mejor, sino por miedo, o solo por obedecer, sin sentirse realizado. El padre descubrió que el hijo mayor, que siempre le fue “fiel”, también necesitaba cambiar.
¡No basta cumplir todo bien! Es importante tener la motivación justa. Pues, si no es así, nos sentiremos defraudados, y pensaremos que no valió la pena ser buenos. No sirve de nada estar siempre con el padre, si no me siento un hijo.
Este es tiempo de Cuaresma. Jesús nos invita a hacer una radiografía de nuestras vidas y descubrir si estamos en las condiciones del hijo menor, esto es: lejos de Dios, gastando nuestras vidas con cosas inútiles, o experimentando pruebas y dolores por opciones equivocadas que hicimos... o si estamos en las condiciones del hijo mayor, esto es, participando, sirviendo, colaborando, rezando pero con motivaciones equivocadas, pensando que estoy haciendo un comercio con Dios, o sintiendo a Dios como un patrón, y lleno de rabia, o envidia, o celos de aquellos que creo que no son tan buenos como yo, pero que me parece que reciben más gracias que yo...
¡Ambos necesitan conversión! El menor necesita decidir retornar a casa y colocarse en el camino, pero también el mayor necesita encontrar la verdadera motivación para ser bueno, sin depender de los demás.
Dios quiere mucho a ambos hijos. Los quiere abrazar y festejar, pero depende de cada uno.
El Señor te bendiga y te guarde, El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.
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III Domingo de Cuaresma (C)
- Hno. Mariosvaldo Florentino
- Capuchino
Y Jesús dijo esta parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas” Lc 13, 8-9
Hoy la Iglesia nos presenta un evangelio que nos sirve como una fuerte llamada de atención. Es este el tiempo de preguntarnos: ¿mi vida cristiana está produciendo frutos? Mirando mi vida, mis acciones, mis palabras, mi alrededor... ¿pueden los demás reconocerme como un cristiano? ¿Dios estará contento conmigo?
El texto nos habla de la frustración de este dueño de la viña que por tres años viene a buscar el fruto en la higuera, pero no encuentra nada.
El número tres nos da una idea de un tiempo completo, o sea, de mucho tiempo, hasta el punto que el dueño piensa que ya no se puede esperar más. También los tres años se puede asociar a la duración del ministerio público de Jesús.
La higuera ya tendría que estar fructificando. Mantener un árbol así es inútil, es una pérdida, pues la tierra puede ser aprovechada para plantar a otro árbol.
Sin embargo, el viñador, que trabajaba en la viña cotidianamente, tuvo pena de la higuera. Manifiesta así, una señal de la paciencia de Dios, que en esta Cuaresma nos ofrece una nueva chance. El viñador se dispone a cuidarla, y hará de todo para que esta higuera se despierte y empiece a producir frutos. Pero, él insiste que esta es la última chance, pues si aun después de estos nuevos cuidados ella no produce, será sin dudas cortada.
Ciertamente, Dios es paciente también con nosotros, y está dispuesto a darnos una nueva chance, pero de igual modo un día, que no sabemos cuándo, nuestro tiempo se terminará. No podemos quedarnos tranquilos, siempre postergando nuestra conversión. Cuanto antes empecemos a producir frutos, tanto mejor.
Este tiempo de la Cuaresma es el tiempo oportuno para rever nuestra vida, para pedir al viñador que nos ayude a limpiar nuestras ramas, quitándonos los parásitos, que son los vicios y que consumen nuestra savia sin dejarnos producir frutos. Es tiempo de pedir al viñador que nos haga la poda, pues con demasiadas ramas, demasiados empeños, no podemos producir nada. Es tiempo para pedir al viñador para cavar nuestro alrededor y así poder poner abono nuevo, dándonos una fuerza nueva, pues a lo mejor la tierra en que estamos plantados está débil y agotada.
La Cuaresma nos ofrece la posibilidad de esta completa renovación. El viñador está dispuesto a trabajar junto a nosotros, dándonos una nueva posibilidad de producir buenos frutos. Sin embargo, todo depende de nuestra decisión. Sin que realmente queramos producir frutos, todos los esfuerzos del viñador podrán ser inútiles.
El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.