Se cumplen 35 años de la histórica visita del papa Juan Pablo II a Paraguay
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Fue un lunes 16 de mayo de 1988, hace exactamente 35 años, cuando el papa Juan Pablo II pisó tierras paraguayas por primera y única ocasión, marcando un hecho histórico para el país y la fe católica. La visita de tres días incluyó su paso por Asunción, Caacupé, Encarnación, Villarrica y Chaco, donde una multitud de feligreses se dieron cita para recibir su bendición y escuchar su mensaje de esperanza.
Cuando el reloj marcaba las 13:00 de aquel tercer lunes de mayo, el santo padre Karol Józef Wojtyla, más conocido como Juan Pablo II, llegaba a Paraguay en medio de una torrencial lluvia para comenzar una breve pero esperada visita, que iniciaba con la canonización de San Roque González de Santa Cruz y de sus compañeros mártires Juan del Castillo y Alfonso Rodríguez en el campo Ñu Guasu de Luque. La primera misa celebrada por el pontífice convocó a unas 400.000 personas.
Sus discursos durante su visita no eludieron ningún tema de aquellos tiempos, aun los más conflictivos como la dictadura de Alfredo Stroessner. Sin embargo, a pesar de sus duras críticas hacia el tirano opresor y su séquito, mantuvo una línea pastoral teológica y evangélica, y entregó mensajes de paz y esperanza al pueblo paraguayo.
“No se puede arrinconar a la Iglesia en sus templos, como no se puede arrinconar a Dios en la conciencia de los hombres”, fueron las palabras expresadas por el papa polaco ante las autoridades paraguayas, en el Palacio de Gobierno. También en un momento de su visita se dirigió a los jóvenes, a quienes pidió “construir un nuevo Paraguay”.
La visita de Juan Pablo II a Paraguay fue de tres días, del 16 al 18 de mayo de 1988. Foto: Gentileza
Un hecho que marcó a Paraguay
Una semana antes de la llegada del pontífice, Alfredo Stroessner habría intentado suspender una reunión del papa con“los constructores de la sociedad”, que incluía a sindicatos, estudiantes, campesinos y defensores de los Derechos Humanos. Por presión del Vaticano y de la sociedad, finalmente este encuentro se celebró el 18 de mayo en el Consejo Nacional de Deportes, en Asunción, bajo una multitudinaria presencia de las fuerzas de seguridad.
La visita a Paraguay de Juan Pablo II fue un hecho histórico sin precedentes, que impactó desde un contexto político y social al pueblo paraguayo. De hecho, las personas que estuvieron presentes en los diferentes encuentros religiosos, recuerdan sus discursos como un bálsamo de esperanza, para un país sumido en el miedo y la ambición de poder. Antes de que se conmemorara el primer aniversario de su llegada a nuestro país, el dictador Alfredo Stroessner fue derrocado en la noche entre el 2 y 3 de febrero de 1989.
El pontificado de Juan Pablo II fue uno de los más significativos, extensos y sobre todo crucial para la Iglesia católica. Tras su muerte, pronto se extendió el rumor de santidad, en especial entre los religiosos que comenzaron a pedir su mediación ante Dios. Fue beatificado por el papa emérito Benedicto XVI el 1 de mayo de 2011 y canonizado por el papa Francisco el 27 de abril de 2014.
Los discursos de Juan Pablo II durante su visita no eludieron ningún tema de aquellos tiempos, aun los más conflictivos como la dictadura de Alfredo Stroessner. Foto: AFP
Visita confirmada 13 meses antes
El periodista Miguel Noto comentó al diario La Nación que fue él quien trajo la primicia. “En abril del 1987, en Noticias El Diario nosotros publicamos en tapa que el papa Juan Pablo II visitaría Paraguay en la segunda quincena de mayo de 1988″, recordó.
Miguel Noto, por entonces periodista de Noticias El Diario. Foto: Archivo
Varios periodistas paraguayos fueron a cubrir la llegada del santo padre en Corrientes, Argentina, entre ellos estaba Noto, quien en un encuentro fortuito con el ministro de Educación, Carlos Ortiz Ramírez, se enteró de una importante reunión entre el nuncio apostólico y el funcionario del Estado paraguayo.
“Le dije a la gente que me quedaría y me iría de cualquier forma. Yo trabajaba en el Diario Noticias y me quedé en el Obispado de Corrientes. Era abril del ‘87. Allí cuando Ortiz Ramírez salió de la reunión nos dijo ‘el año que viene, el Papa estará por el Paraguay, en la segunda quincena de mayo’”, recordó.
Luego de ocho meses, específicamente el 8 de diciembre de 1987, durante la festividad de la virgen de Caacupé, los obispos anunciaron la visita del papa Juan Pablo II. La feligresía reunida en la capital espiritual del Paraguay recibió con júbilo la noticia y los preparativos no se hicieron esperar.
El autor de este relato recrea los hechos que rodearon a un mítico concierto que fue frustrado por el levantamiento militar que depuso al gobierno de Federico Chaves y allanó el camino del acceso al poder a Alfredo Stroessner.
Por Óscar Bogado
Fotos Gentileza
El jefe de la Policía estaba inusualmente inquieto. Debía ir a su despacho a firmar unos cheques para el pago de los salarios del personal, ya ansioso por percibir sus haberes. Aunque magros, por lo menos eran seguros en el ambiente de crisis que azotaba al país y que alentaba a muchos compatriotas a emprender ese otro exilio, el económico.
Roberto L. Petit estaba por cumplir cuatro meses en el cargo y, también, a punto de enfrentar una prueba de fuego. El presidente Federico Chaves lo había designado en ese puesto, siempre polémico y difícil, inapropiado para él, porque necesitaba contar con gente de confianza en ese sitio clave. Petit lo había aceptado con protestas y lo ejerció con estoicismo. Era joven y sentía que el futuro todavía estaba lejos.
El frío acudió puntual ese mayo y con él, las calles del centro de la capital se llenaban de silencio apenas se extendía la oscuridad, salvo esa noche. La apertura de la cuarta temporada de la orquesta sinfónica de la Asociación de Músicos del Paraguay despertó el entusiasmo y la curiosidad de mucha gente en la Asunción de mitad del siglo pasado, privada de la riqueza cultural de otras ciudades más cosmopolitas.
Carlos Lara Bareiro regresó del Brasil a inicios de 1951. Fue a estudiar composición y dirección orquestal. Apenas llegó, se ocupó de la reactivación de la orquesta de la asociación, esta vez con una estructura sinfónica y ya ese mismo año dio sus primeros conciertos. En un país con las arcas públicas exhaustas no sería fácil impulsar un proyecto semejante.
Luego de haber agotado sin éxito varias instancias oficiales, lejos de decepcionarse y abandonar el proyecto, lo llevó adelante con la asociación, que aglutinaba a muy buenos intérpretes.
AMBICIOSO PROGRAMA
La orquesta era una realidad y el día en el que transcurre esta historia se iniciaba una nueva temporada con la presentación de un ambicioso programa, dedicado al homenaje de la independencia del Paraguay, que incluía a la “Heroica”, la tercera sinfonía de Beethoven, la que había revolucionado la creación musical apenas iniciado el siglo de Napoleón y de Darwin, cerrando el periodo clásico. Como había sentenciado el austriaco Joseph Haydn, “nada sería igual desde entonces”. Esta obra disruptiva fue la elegida para iniciar una nueva y difícil temporada de conciertos, en el mejor escenario de Asunción, el Teatro Municipal. El concierto se inició puntualmente. La puntualidad no tendría que ser algo destacable, pero en Paraguay es inusual. El concierto comenzó a las 21:15 cuando la orquesta hizo sonar, como golpes, los dos primeros acordes del primer movimiento de la “Heroica”, una pieza estruendosa que llenó el auditorio de entusiasmo y sorpresa.
Apenas comenzó el movimiento inicial, con un cautivante allegro con brío, se escucharon fuertes detonaciones y el traqueteo de metrallas en las espaldas de la orquesta. Parecía que estaban atacando el teatro. El maestro Lara Bareiro pensó que las detonaciones eran petardos lanzados por algún saboteador, pues el incipiente movimiento sinfónico paraguayo tenía sus detractores.
Por ello, trató de ignorarlos; pero en los énfasis que marcaba en la ejecución de la sinfonía se notaba su nerviosismo, era evidente que algo no andaba bien. Las distorsiones rítmicas y disonancias del primer movimiento quedaron en un segundo plano ante la persistencia de los evidentes disparos. El público comenzó a salir. El concierto siguió, surreal, hasta los primeros compases de la segunda parte de la obra: “La marcha fúnebre”. Más de uno asoció la marcha con lo que se venía: otro episodio sangriento que arrastraría a inocentes y enlutaría hogares. Otros no repararon en ese detalle, solo querían salir de la sala.
UNA ALDEA
La ciudad de Asunción, en esa época, era un poco más que una aldea. Al ser pequeña, permitía a los vecinos conocerse, tratarse y, digámoslo también, controlarse. El centro hacía honor a su nombre y reunía toda la actividad política, administrativa, comercial y hasta cultural y recreativa de la comunidad e inclusive del país. Todo quedaba cerca.
Por eso no era raro que aquel martes en el bar Odeón, que estaba ubicado próximo al Teatro Municipal y en las inmediaciones del Cuartel Policial, se congregaran funcionarios del Gobierno, políticos de diversas corrientes, bohemios, periodistas, músicos de la orquesta y hasta el jefe de Policía quien, haciendo un alto en su camino, pasó a saludar a sus amigos, habitualmente reunidos en el bar.
Minutos antes del concierto, se incrementó la concurrencia en el Odeón. Entre copas y el humo que se espesaba, la función que estaba por comenzar era uno de los temas dominantes de la mesa más concurrida; era toda una proeza sostener una sinfónica y presentar un repertorio digno de cualquier escenario europeo y, lo mejor, incluyendo composiciones paraguayas.
Pero de lo que más se hablaba, sin duda, era de la situación política. El gobierno de Chaves se había deteriorado con la inercia normal del ejercicio del poder y la insatisfacción que genera no poder cumplir con todas las ambiciones como resolver los problemas de la recesión económica que parecía proverbial en el Paraguay.
Apenas iniciado el año se había dado un quiebre con importantes líderes del partido oficialista, encabezados por Epifanio Méndez Fleitas, quienes, afianzados como estaban en el arte de la conspiración, se embarcaron en ese puerto, buscando aliados entre los militares para tumbar al gobierno, vicio que se había vuelto recurrente desde la posguerra del Chaco.
PUGNA
Lo que no sabían era que Alfredo Stroessner, en ejercicio de la Comandancia del Ejército, no se dejaría utilizar, sino todo lo contrario. La pugna estaba entre dos sectores, entre los partidarios de Chaves y los de Méndez Fleitas. Terminaría ganando un tercero, un militar hasta entonces subestimado.
Había malestar en los cuarteles por ciertas movidas que se dieron en la víspera, buscando consolidar lealtades y prevenir insurrecciones. Una de las reglas no escritas del manejo del poder era que todo gobierno debía contar con la adhesión de la Caballería para sostenerse; lo mismo se aplicaba para quienes pretendan derrocarlo.
En esa inteligencia, el presidente Chaves tenía en Campo Grande a uno de sus principales aliados, el coronel Néstor Ferreira.
También había fortalecido a la Policía, dotándole de armamento bélico para tener mayor resguardo, bajo la conducción de uno de sus hombres más confiables e íntegros. Lo cierto es que, aun con estas precauciones, se avecinaba un golpe de Estado.
Petit restó importancia a los rumores. Sin embargo, su intranquilidad evidenciaba una preocupación incómoda. Sus compañeros de mesa volvieron a insistirle en que deje la Comandancia de la Policía, que aquello no era para él, que se estaba postergando; aunque más de uno destacó que era mejor tenerlo ahí, en ese estamento, con su rectitud y civismo, y no a otro, que no dudaría en reprimir a cualquier ciudadano por motivos fundados o no, como ocurría antes y se repetiría después.
MOVIDAS
Ingenuamente, el coronel Néstor Ferreira se presentó ante Stroessner, en la comandancia del Ejército. Le debía una explicación sobre las movidas de la víspera que afectaron al mayor Virgilio Candia, partidario suyo. Y lo que es peor, le advirtió que, si él no regresaba a su división antes de las diez de la noche, la Caballería tenía instrucciones de movilizarse. Por supuesto, ante estos condicionantes, Stroessner no dudó en apresar a Ferreira y acelerar el alzamiento militar que ya tenía resuelto ejecutar.
La insurrección se inició cerca de las veintiún horas del 4 de mayo de 1954, cuando el Batallón 40, un cuerpo de élite del Ejército, atacó el Cuartel de Policía, bajo la conducción del teniente coronel Mario Ortega. Un centenar de soldados se apostó sobre la calle El Paraguayo Independiente, frente a la Policía, y otros más la rodearon, desplegándose por la calle Nuestra Señora de la Asunción. La Caballería, acéfala en esas horas decisivas, dudó en entrar en combate y perdió la mano.
Los enfrentamientos se dieron exclusivamente en el centro de la capital, especialmente en los alrededores del Cuartel de Policía, es decir, en las adyacencias del Teatro Municipal, justo cuando el primer movimiento de la “Heroica” estaba atrapando la atención del público que colmaba la sala, arrancándole al director de la orquesta del éxtasis al que lo había llevado la intensidad creativa de Beethoven y lo anhelado de ese momento, del sabor especial que confieren los logros antecedidos por incontables dificultades. Aun con la confusión reinante, el maestro Carlos Lara Bareiro quiso seguir con el espectáculo y dispuso que la orquesta inicie “La marcha fúnebre”, hasta que el griterío y la irrupción de los militares los obligó a interrumpir el concierto y abandonar el teatro.
Simultáneamente, en uno de los pasillos del cuartel, Roberto L. Petit era alcanzado por una de las balas enemigas y, aunque fue auxiliado por sus atacantes por orden del comandante del Batallón 40, quien así lo dispuso apenas se enteró del hecho, llegó al hospital ya sin vida.
Las circunstancias que rodearon a la muerte de Petit, una herida pequeña, el vehículo que se averió en el camino, el tiempo perdido y la falta de cuidados de emergencia en el trayecto le confieren a este episodio un tono aún más trágico. Con frecuencia, en las insurrecciones se omiten los recaudos de primeros auxilios y, en más de una ocasión, se han lamentado víctimas que podían salvarse. Este fue uno de esos casos. Se puede concluir, no obstante, que el destino se empeñó en cumplir sus designios sin que la acción humana pudiera impedirlo.
PRONTA DERROTA
Las fuerzas gubernistas no tardaron en ser derrotadas, algunos combatientes leales huyeron hacia los bajos del antiguo Cabildo; otros se dispersaron por las inmediaciones. Una veintena de bajas quedó como saldo de los enfrentamientos. Poco se sabe de estos muertos casi anónimos. El presidente Chaves estaba detenido en el Colegio Militar, donde fue a buscar refugio. La suerte estaba echada y todo había acabado para él.
El maestro Lara Bareiro, lejos de huir o guarecerse, deambuló por el centro, donde todavía se daban algunos enfrentamientos. Parecía en otra dimensión. Decepcionado por no poder concluir el concierto al que tanto tiempo y esfuerzo dedicó, el futuro de la orquesta se volvía aún más incierto.
Entendía perfectamente quiénes estaban detrás del golpe y lo que podía esperar de ellos. Caminaba sin rumbo aparente mientras daba rienda suelta a sus ideas, invisible ante los retenes que fueron improvisándose. Todavía persistían algunos disparos, cada vez más lejanos. Miró las paredes carcomidas por la furia de los proyectiles sediciosos, pero no pudo identificar si esos rastros eran recientes o formaban parte de las huellas de rebeliones anteriores.
De repente se sobresaltó y volvió al presente al encontrar en la intersección de las calles 25 de Mayo y Yegros el Ford Mercury de Roberto L. Petit, averiado por algún disparo que alcanzó el motor, abandonado con rastros de sangre. El resto de la historia pudo construirla sin mayor esfuerzo. Adivinó la muerte que muchos quisieron evitar y tantos lo lamentarían. El país perdía un buen hombre, un hombre decente. El frustrado director de orquesta miró al cielo y dijo: “Esto no es el fin, Roberto, es apenas el comienzo”.
Paraguay debe diversificar su economía para un mayor desarrollo, dice economista
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El economista Daniel Correa analizó la situación actual de la economía del país tras la caída de la dictadura. Afirmó que Paraguay necesita diversificar su economía para atraer inversiones y lograr el máximo desarrollo. Agregó que aún se depende de un modelo tradicional.
Durante esta jornada, Paraguay recuerda una de las fechas más importantes de su historia: el golpe de Estado del 2 y 3 de febrero de 1989, que puso fin a la dictadura de 35 años de Alfredo Stroessner. Desde esa fecha, el país aspira a la consolidación de una economía que le ayude a alcanzar su máximo potencial.
Desde este punto de vista, el economista Daniel Correa hizo un análisis sobre la situación económica actual. “Creo que nos falta un gran salto para el desarrollo. Nuestra economía sigue siendo muy dependiente de estos sectores tradicionales, que ya en los setenta habíamos desarrollado. Un sector agropecuario muy tradicional, muy dependiente de factores climáticos, y no hay otros motores que nos permitan desarrollarnos”, dijo en entrevista con la radio Universo.
El experto consideró necesario realizar una gran reforma estructural económica y diversificar la economía en sectores con poca inversión actual, para lograr un desarrollo sólido, sostenible y equitativo para todos los estratos sociales.
“Necesitamos que Paraguay se convierta en un atractivo para el inversor y que efectivamente se pueda generar ese proceso de incorporación masiva de inversiones, sobre todo en sectores no tradicionales, como los de servicios, innovación, tecnología e infraestructura. Lógicamente, ese proceso no suele ser rápido”, explicó.
Paraguay tiene un escenario propicio para pensar en dicha reforma porque viene haciendo un buen trabajo en materia de macroeconomía; sin embargo, es necesario potenciar la microeconomía para que “lo que estamos alcanzando empiece a llegar a la gente”.
El golpe que cambió la historia: Paraguay a 36 años del fin de la dictadura
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El golpe de Estado del 2 y 3 de febrero de 1989 representa una de las fechas más importantes en la historia de nuestro país, puesto que puso fin a una dictadura de 35 años, la cual estuvo encabezada por Alfredo Stroessner, convirtiéndose en la más extensa de América Latina. Este hecho dio paso al avance hacia la democracia con libertades que eran impensadas durante el régimen stronista.
A lo largo de este material, abordaremos algunos puntos que marcaron la historia de nuestro país, así como aquellas conquistas ciudadanas obtenidas luego del fin de esta época oscura que se robó la voz de la ciudadanía por tantos años.
Alfredo Stroessner, cuya figura militar estaba en alza en 1954, llega al poder luego de ser propuesto como candidato por el arquitecto Tomás Romero Pereira, quien estaba a cargo del gobierno de forma provisoria, todo en un contexto de mucha inestabilidad política derivada de la Guerra del Chaco y otros eventos que le sucedieron.
El dictador asume la presidencia del país tras unas elecciones donde no tuvo competencia alguna y este fue el comienzo de la consolidación de un régimen que estuvo marcado por las censuras, represión, torturas, abusos en contra de los derechos humanos, exiliados, además de un sistema prebendario que le permitió establecerse por más de tres décadas.
A 36 años del golpe de Estado que removió a Alfredo Stroessner del poder. Foto: AFP
Este régimen causó la fuga de las mentes más importantes de Paraguay en ese entonces, afirma el informe “Ventanas Abiertas”, elaborada por la Comisión de Verdad y Justicia en donde mencionan que durante la dictadura de Stroessner y de Higinio Morínigo, el cual le precedió, motivaron el éxodo de figuras como la de Augusto Roa Bastos, José Asunción Flores, Arturo Fleitas, Herminio Giménez, Carlos Lara Bareiro, entre otros.
Asimismo, medios de comunicación que no respondían al régimen también fueron clausurados y suspendidos como es el caso de Abc Color y Ñanduti, los cuales al término del régimen, abrieron nuevamente sus puertas y continúan funcionando hasta la fecha.
Pese a que Paraguay aún vive en una etapa democrática relativamente joven y los recuerdos de la dictadura aún están latentes y en la memoria colectiva. La ciudadanía puede gozar de libertades que bajo el régimen stronista resultaban lejanas hasta el punto de considerarse imposibles.
Movilizaciones ciudadanas con gran fuerza impidieron que el Congreso dé vía libre a la posibilidad de una reelección presidencial, durante la pandemia del Covid-19, las personas rompieron el aislamiento y se trasladaron hasta la capital del país para exigir transparencia en el manejo de los recursos y pedir la destitución de varios ministros que carecían de la credibilidad por parte del pueblo.
La ciudadanía recuperó el derecho a movilizarse y a pronunciarse respecto a la decisiones del Gobierno. Foto: Archivo
La información pública está al servicio de la ciudadanía y las instituciones están obligadas a proveer los datos respecto a las contrataciones, gastos realizados, entre otros. Más allá de la incomodidad que genera la prensa a ciertos sectores políticos, estos carecen de facultades legales para censurarlos, y por informaciones vertidas de los medios de comunicación, incluso se han destituido a grandes figuras de los sucesivos gobiernos.
En la actualidad y desde el golpe de 1989, el funcionamiento de la prensa ha tenido y gozado de amplias libertades para el ejercicio de su rol, a pesar del debate que generan ciertos aspectos que tienen que ver con el límite de la intimidad o cuando se trata de asuntos como la seguridad del propio presidente de la República.
La oposición, la cual anteriormente estaba imposibilitada a pelear por cargos públicos, fue perseguida y censurada, sin embargo, hoy es protagonista en la escena política a nivel país. Fernando Lugo, quien era una figura ajena a la política en ese entonces y que surgió por fuera de los partidos tradicionales, asumió la presidencia en el 2008 en unas elecciones abiertas, derrocando la hegemonía colorada que estaba instaurada hasta ese momento y a lo largo de los años, ha tenido liderazgos notorios.
Si bien aún queda un largo trecho a transitar en torno a posicionar a la democracia como un sistema sólido en nuestro país, es importante tener presente todos los hechos que sucedieron durante la dictadura de modo a no experimentar retrocesos y seguir afianzando este sistema político por sobre cualquier otro.
Aniversario de CDE: nombre surgió antes del golpe para no decir “Stroessner”
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Ciudad del Este. Agencia Regional.
El cambio del nombre de Ciudad del Este para dejar de evocar al depuesto dictador Alfredo Stroessner fue oficializado en un plebiscito realizado en la Plaza de la Paz, liderado por colorados disidentes al stronismo en el tramo final del régimen militar. El intendente era Óscar Ovelar, designado tras el golpe de febrero de 1989, que coincidió con la fecha fundacional de la capital del Alto Paraná, el 3 de febrero de 1957.
El nombre “Ciudad del Este” ya había surgido en las reuniones del extinto líder colorado, Luis María Argaña (1932-1999), cuenta el historiador Néstor Gamarra, en esta segunda entrega de La Nación/Nación Media, como adelanto del libro en que está trabajando sobre la historia de la ciudad y de la región.
“Antes del golpe, el doctor Luis María Argaña venía realizando una serie de reuniones contra la cúpula política en varias localidades del país. Cuando debía hacerlo en Presidente Stroessner, una señal de protesta fue no usar ese nombre a nivel interno y decir que la reunión sería en la ciudad del Este”, reveló Gamarra. En una entrevista al exintendente Óscar Ovelar para el libro le había señalado que, cuando asumió, “la gente ya pedía el cambio de nombre”.
“Entonces, se hizo una consulta popular (plebiscito) en la plaza de la Paz; se pusieron las urnas un domingo y fueron acercados varios nombres: San Blas, Flor de Lis, Ciudad Libertad, Ciudad Jardín, Alto Paraná y la que ya se venía usando, Ciudad del Este”, relató Óscar Ovelar al historiador.
Año 1957. El subteniente Daniel Leiva y el suboficial Venegas. El bosque Atlántico en el fondo donde está el destacamento militar que organizó la creación de la actual Ciudad del Este. Foto de Raúl Leiva, hijo del subteniente citado.
Explicó que “en varias entrevistas con pioneros y personalidades de la época, se pudo notar una gran controversia por el cambio de nombre y el sistema utilizado; se pudo evidenciar que la votación no fue para nada democrática”.
“Algunos entrevistados mencionaron que votaron más de una vez, principalmente los funcionarios municipales de la época. Aunque se salía de una dictadura, se vieron las mismas prácticas, no sólo con el proceso de cambio de nombre sino con la distribución de propiedades que, ahora no viene al caso, pero que aún se debe realizar un estudio profundo al respecto”, indicó el historiador.
CDE pudo ser Paranambú
Pasado el plebiscito, la decisión final estaba en el Congreso Nacional. “En julio de 1989, la comisión de Asuntos Municipales de la Cámara Alta presentó su dictamen teniendo en cuenta el resultado de la consulta popular que se había realizado meses antes. Pero, en base a publicaciones periodísticas de la época y la Biblioteca del Congreso, siguió la controversia y el debate en el Parlamento para definir el nombre”, según Néstor Gamarra.
El sector opositor y su líder la bancada del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) de la época, Domingo Laíno, propusieron el nombre Paranambú, argumentando que “va a expresar un homenaje justo a nuestros antepasados, que son nuestros padres”, en alusión a los habitantes naturales de estas tierras.
El historiador Néstor Gamarra, en el Hito Fundacional de Puerto Pdte. Stroessner, en el predio del edificio de Puertos y Aduana. Foto: Gentileza
Otra justificación fue que, con Paranambú, se formaría un triángulo guaranítico con los nombres de las otras dos ciudades de la triple frontera, Iguazú, Foz de Yguazú y, del lado paraguayo, Paranambú, contó Néstor Gamarra.
Fueron propuestos otros nombres y con 18 votos a favor quedó “Ciudad del Este”, propuesto por el senador José D. Ovelar y la Comisión de Asuntos Municipales. Lo de Paranambú quedó sin efecto y uno de los argumentos en contra fue la existencia del Puerto Paranambú de Domingo Martínez de Irala.
Impulsar la economía naranja
En cuanto a las perspectivas de Ciudad del Este, según Néstor Gamarra, “hay que reconocer que tal potencia económica y comercial que fue algún día Ciudad del Este, ya difícilmente pueda volver a serlo”. Agregó que “para eso hay que buscar diversificar la economía y no apuntar sólo al comercio de la triple frontera. Es necesario realizar planes estratégicos para industrializar la zona, fomentar la producción y los servicios”.
Consideró que se debe “impulsar la economía naranja en la zona, buscando atraer a los millones de turistas por año que vienen en la región, por medio de la puesta en valor de sitios históricos y la rica cultura nuestra”. Refirió que todo eso debe nacer en varios niveles y estamentos, incluyendo las universidades con nuevas carreras que el mercado requiere, proyectado a nuevas demandas globales.
Reclamo sobre pioneros
Para el historiador, a propósito del aniversario de la ciudad, considera que los pioneros no han sido bien tratados, no existen coberturas de salud que los tenga en cuenta, el área más sensible en esta etapa de sus vidas.
“Nuestros guapos pioneros, que llegaron jóvenes entre los años 70 y 80, alcanzaron la tercera edad. Esos que trabajaron esta tierra para que hoy sea lo que es, los que vinieron durante la construcción de Itaipú y el auge del microcentro, están en esa vidriosa etapa donde necesitan apoyo en todos los sentidos”, puntualizó.
* Néstor Gamarra es licenciado en Historia y Antropología, químico industrial, doctor en Administración.