A 87 kilómetros de Asunción, en el departamento de Paraguarí, se encuentra la ciudad de Sapucai, un rincón donde el tiempo parece haberse detenido entre rieles, antiguas locomotoras e imponentes serranías. Con su emblemática estación de tren y su taller ofrece a una generación que no conoció de locomotoras los vestigios del pasado ferroviario del Paraguay y busca potenciar su economía con el turismo histórico y natural.
Además de sus atractivos históricos, esta pintoresca ciudad, con una población de 5.218 habitantes, ofrece su riqueza natural con imponentes cerros y cristalinos arroyos que nutren su portafolio turístico, compitiendo con sus vecinos como Paraguarí, Acahay, Ybycuí, entre otras ciudades con turismo pujante.
Sapucai no solo resguarda la memoria industrial del Paraguay, sino también custodia la historia del país, sus tradiciones y sabores, ofreciendo a los visitantes una experiencia única donde el pasado y el presente conviven en armonía.
RELIQUIA DE LA INGENIERÍA FERROVIARIA
“El principal atractivo y la niña bonita de Sapucai es la estación del tren, que en su interior alberga un museo”, explicó a La Nación/Nación Media Deysi Varela, directora de Prestaciones Turísticas de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur). Destacó que la localidad forma parte de los Pueblos Pintorescos, catalogación que hace la cartera de turismo a aquellas ciudades con peculiaridades como leyendas, historia, hechos trascendentes, cultura y costumbres en cada una de sus manifestaciones socioculturales, además de contar con bienes patrimoniales como su estación de tren y el taller ferroviario.
Rosa Pesoa, encargada del Museo Histórico del Ferrocarril de Sapucai, afirmó a La Nación que el taller es el primer punto al que llegan los visitantes para luego visitar los otros atractivos de la ciudad. El taller data de 1894 y fue construido por técnicos ingleses que vinieron al país para trabajar en el mantenimiento y reparación de las locomotoras.
El museo conserva maquinarias y herramientas de origen británico que eran utilizadas para el funcionamiento de los ferrocarriles que recorrían desde Asunción hasta Encarnación. Además de las maquinarias, alberga una rica colección de documentos, planos, fotografías, muebles y otros objetos históricos que muestran el quehacer diario en su época de apogeo. Los funcionarios también ofrecen a los visitantes un corto, pero emocionante viaje en un autotrén llamado “El trencito”, que brinda a una generación que no conoció de ferrocarriles una experiencia por poco más de un kilómetro para imaginar cómo eran en el siglo pasado los viajes en tren.
UN TÉ EN LA VILLA INGLESA
El patrimonio arquitectónico es parte de los atractivos de Sapucai, precisamente con las casonas de la Villa Inglesa, donde habitaban los técnicos ingleses que trabajaron en el taller ferroviario. En la zona opera actualmente un café que ofrece a los visitantes la posibilidad de disfrutar de refrigerios mientras contemplan la fachada del taller, bien con un café o con un té, emulando las costumbres de sus anteriores ocupantes británicos. Otro punto gastronómico concurrido, según explicó Pesoa a LN, es el local conocido como Parador La Estación, en el que ofrecen una variedad de opciones, tanto de almuerzo como de minutas. Cuentan con parrillas unidas en serie que imitan los trenes de la ciudad y sus vagones. “Tiene mucha variedad gastronómica, con comidas tradicionales, parrilladas. Es una parada obligatoria para la gente”, afirmó.
CERROS, SALTOS E HISTORIA
Entre las serranías que rodean Sapucai, el cerro Rokê es el más simbólico por su conexión con las historia bélica del país, ya que prisioneros bolivianos de la Guerra del Chaco (1932-1935) fueron empleados para construir el conocido como “Tape bolí”, que inicialmente fue un empedrado de alrededor de 2 kilómetros, de los que hoy se conservan 500 metros.
La encargada del Museo Histórico del Ferrocarril de Sapucai explicó que entre los atractivos naturales también se destaca el Salto Inglés, una pequeña cascada que hace un curso de agua que desciende por el cerro y fue utilizada en el pasado por los técnicos ingleses para abastecer el taller con el líquido que transportaban a través de tuberías metálicas que hasta hoy siguen en pie. No obstante, aclaró que para llegar a este salto se recorre un importante trecho de alrededor de 4 kilómetros a pie y que por la sequía actualmente su caudal es bajo.