El crecimiento económico de los últimos 4 años se desaceleró notoriamente, promediando una tasa de 1,5% anual, muy por debajo del promedio de expansión observada en la década anterior de cerca del 4%. Dicha ralentización incorpora dos escenarios de contracción económica en el 2019 y el 2020 como consecuencia de factores climáticos y de la irrupción de la pandemia.
Así dijo la economista Patricia Goto, de la consultora CPA Ferrere, tras un análisis económico de los 4 años del gobierno de turno. Afirma que si bien son factores exógenos, no cabe duda que la menor actividad económica representa una señal de alerta para la política económica, sobre todo mirando las perspectivas para el 2022, que apuntan nuevamente a un año recesivo.
Haciendo un análisis global, se puede concluir que la economía se encontró en una fase de estancamiento en dicho período producto de varios shocks que debilitaron la actividad de la mayor parte de los sectores productivos.
Consultada respecto al papel fundamental del Gobierno ante el impacto general que provocó “la tormenta perfecta”, dijo que, con base en su estabilidad macroeconómica, pudo amortiguar los shocks que afectaron a la economía. “Una política fiscal expansiva a partir de una fuerte apuesta a la inversión en obra pública contribuyó al dinamismo de la construcción, el empleo y de las actividades conexas.