Por Carol Salinas.

Natalia Escurra es una de las tantas enfermeras que hoy día luchan durante esta pandemia en los hospitales. Su testimonio revela la dura realidad que se vive en el campo de batalla, lidiando con pacientes que se aferran a la vida y buscan una nueva oportunidad para superar al COVID-19.

Natalia Escurra, de 31 años, es licenciada en Enfermería y presta servicios en el área de Nefrología del Instituto de Previsión Social - IPS Central. A su cargo tiene pacientes que deben recibir la diálisis, entre ellos también los que padecen de COVID-19.

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Sintió su llamado desde joven. El servicio y el cuidado para con los demás la llevaron a decidir estudiar tan noble carrera, en la cual la premisa más importante es asistir y atender toda persona que llega a los hospitales.

Sin embargo, desde que comenzó con su labor de enfermera, jamás siquiera imaginó que le tocaría enfrentar una enfermedad que destrozó familias enteras, y se llevó a parientes, amigos, compañeros y conocidos.

Dios en primer lugar

Comienza su día con cierto temor e incertidumbre, pero espanta esos miedos encomendándose a Dios para que pueda realizar su trabajo de la mejor manera.

“Inicio mi día con una oración. Pido a Dios que me dé sabiduría y fuerza para sobrellevar esta situación y poder ser un bastón para mis pacientes que necesitan de mi ayuda”, expresó en contacto con nuestro medio.

Relató que luego sigue el proceso de colocarse el equipo de bioseguridad que tarda de 5 a 8 minutos, resaltando que hasta el momento dicho insumo no le hizo falta en el hospital donde trabaja.

El miedo más grande

Como toda funcionaria de blanco, Natalia contó que su principal miedo siempre fue la llevar consigo el virus a su casa, ya que detrás de ella está su familia.

“Desde que inició la pandemia ese siempre fue mi principal temor. Temía por mis dos hijas pequeñas, mi esposo, mis abuelas, todas las personas cercanas a mi entorno, por lo que también siempre pido a Dios protección”, resaltó.

Miedo a la muerte

Una las experiencias más fuertes que le tocaron vivir fue la de escuchar a sus pacientes decir que tenían miedo de morir. “Es muy fuerte, duele muchísimo cuando un paciente te dice que no quiere morir o que le duele mucho su pecho y que no puede respirar. Nosotros conocemos la historia de cada uno de ellos, a sus familiares, y duele mucho”, lamentó.

Una víctima en la familia

Lamentablemente la enfermedad se llevó al suegro de Natalia. Sintió y vivió de cerca como el virus deja secuelas dolorosas a su paso y un vacío en los corazones, y que solo sanará con el paso del tiempo. La profesional de blanco indicó que ya recibió las dos dosis de la vacuna AstraZeneca, no obstante, de igual manera sigue con los cuidados para evitar el contagio.

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No dejar para después

Finalmente, la entrevistada dejó un mensaje a la ciudadanía y fue el de tomar conciencia sobre la gravedad del COVID-19 y que cuando apenas presenten algún un síntoma se aíslen y consulten. “Que no se cansen de lavarse las manos y usar la mascarilla, es la única forma de evitar el contagio”, puntualizó.

El pasado 12 de mayo se conmemoró el Día de la Enfermería, fecha en la que también se recordó a los 60 enfermeros fallecidos por coronavirus desde el inicio de la pandemia. En la ocasión también se realizó una protesta para manifestar las reivindicaciones del sector, como reclamo a una mejor remuneración y justas condiciones laborales con suficientes medicamentos e insumos.

Así como la Lic. Natalia Escurra, todos los profesionales de enfermería están al frente de la batalla, a pesar de los miedos, la mala remuneración y la sobrecarga de trabajo, siguen de pie, dando lucha ante el virus que no da tregua. En memoria de los que ya no están.

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