Como figura popular y querida del mundo de la comunicación y la música, Mario Ferreiro ya ha incluido en el presupuesto que su vida privada esté expuesta al escrutinio público. En este distendido y panorámico “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, el comunicador habla con Augusto dos Santos de sus primeros pasos como locutor y disc jockey, las tribulaciones de ser un trabajador de la movida nocturna, su estelar ascenso y caída en la política, así como de sus últimos avatares en lo emocional.

  • Fotos Pánfilo Leguizamón

–Tantos años de exposición pública, tanta estelaridad, ¿te ha dejado tiempo para encontrarte con vos más frecuentemente?

–Fue una construcción con el tiempo. Justamente estuve hablando con mis hijos meno­res que recién ahora se enfren­tan a esto y les explicaba que toda mi vida fue pública, desde muy jovencito. Antes de las redes sociales yo ya tenía una exposición muy alta en esa época con los diarios, los pri­meros programas de chismes. Llegué a hacer programas de chismes también entre tantas cosas que hice. Entonces, es un juego peligroso, complicado, a veces hasta dañino, pero que no puedo también renegar porque formo parte del medio. Una vez que uno entra en esto tiene que saber que ese es un presupuesto que ya está asignado y que va a tener que administrar de la mejor manera.

–¿En qué momento te das tiempo para no comprarte el personaje de exitoso que también puede ser un pro­blema en la vida privada?

–No olvidemos, querido Augusto, que yo ya hice tam­bién un camino de reconver­sión. Ya pasé esa etapa de la fascinación con las luces de la noche. Me costó porque ade­más me añadió un problema de adicciones que siempre yo hablo también públicamente y el camino de regreso de ese proceso me ayudó mucho a repensar todo el resto porque ahí te enseñan otras cosas, no solamente a no consumir. La hermana Regina, que es nues­tra gran maestra, nos enseña cómo lidiar con el egocen­trismo, cómo lidiar con la autoconmiseración, con la soledad. Yo siempre cuento que cuando recibí mi Paraná de Oro, que fue como una con­sagración, después me fui a consumir solo en mi casa. Hay también esa dicotomía entre la figura muy pública y la soledad en el mundo privado. Hoy estoy mucho más equili­brado en ese sentido gracias a que tomé ese camino hace 22 años.

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–Recuerdo una de las acu­saciones que te hacían en la campaña política. Con el gordo Víctor Benítez nos divertíamos tratando de analizar morfológica­mente, que eras un “sim­ple locutor”. Y decíamos con Víctor ¿cómo lo que es un locutor complejo? (Risas). Hablame de tu tiempo en la locución. ¿Qué te dejó la radio?

–La radio es el gran amor. Yo con mi viejo escuchaba onda corta, papá nos enseñó a escu­char radio, “El repórter Esso”, La Voz de América de los Esta­dos Unidos, la Radio Moscú. Era la fascinación la radio. Yo crecí en el mundo todavía radial. Imaginate que yo ya tenía 7, 8, 9 años cuando apa­reció la televisión. Entonces mi primer amor fue la radio y mi objetivo siempre fue la radio.

UNA PRECOZ VOCACIÓN

–¿Qué testimonios de amor con la radio tenés para expre­sar al respecto de tu vida como locutor?

–Yo me iba a visitar a varias figu­ras de la radio, Rubén (Rodrí­guez) entre ellos, que comenzó mucho más joven que noso­tros. Yo me iba a acompañar a sus coberturas y después nos íbamos a tomar cerveza. Me acuerdo de haberle escrito una carta a Beto Duarte para visi­tar Primero de Marzo y des­pués llegó Chaco Boreal. Yo era capaz de ser ordenanza, limpia­dor de la radio con tal de estar en ese mundo. Y así llegué a Chaco Boreal, donde me reci­ben Juan Pastoriza, Nicode­mus Espinosa, Vicente Bení­tez, operador; Víctor Castro, gran locutor, una noche de domingo allá por 1979 y ahí comienzo por supuesto como practicante sin cobrar ningún estipendio. Es más, me hicie­ron una broma esa noche. Me dijeron “vos tenés que limpiar el baño” y ya me iba a agarrar el repasador y todo. Yo que­ría estar ahí. Yo pasé por esa militancia, fui muy feliz ya porque logré eso. Mi hijo se murió al año siguiente, ya no vio casi mi ascenso, mi vieja sí me acompañó más y un año después estaba en Canal 9 hablando de John Lennon en diciembre del 80.

–¿Cuánto te ayudó la auto­formación, la lectura en tu proceso de ser un tipo exitoso en el mundo de la comunicación?

–Fue todo porque en esa época no teníamos tantos recursos académicos como ahora. Ahora hay muy buenas universidades, pero nosotros éramos autodi­dactas y ahí era fundamental la lectura. Nuestro gran capital era leer y por suerte yo venía de un hogar donde se fomentaba eso. Y también tuve la suerte de estar en el Colegio Cristo Rey, con los jesuitas, que también tienden a la comunicación.

–¿Cuál es te parece la radio de futuro?, ¿la radio que va a sobrevivir esta experiencia de los nuevos tiempos?

–Sin lugar a dudas la radio va a seguir siendo interesante en tanto y en cuanto haya perso­nalidades de radio. Los medios radiales van a tener que inver­tir mucho en sus recursos humanos. Ahí está el secreto. El resto va a ser todo igual por­que todos tenemos la camarita en la cabina, todos tenemos la conexión con Twitch, con Ins­tagram, Instagram Live, You­Tube Live. Esas son herra­mientas. Pero la gente quiere escuchar a Alejandro Dolina, la gente quiere escuchar a un tipo que le dice cosas interesantes. Yo escuchaba a Vicente Mar­sal haciendo los viernes insó­litos de cuentos de terror, lo escuchaba a Manuel Bernar­des. Hoy traje una remera que lo homenajea y hasta ahora se ven por TikTok aquellas locu­ras que hacía.

APUESTA

–Una capacidad de comuni­cación, una comunicabilidad impresionante.

–Ahí tiene que estar la apuesta. Lo que pasó con los diarios digi­tales, el The New York Times se salvó por sus columnistas. La gente se suscribe porque quiere leer a columnistas muy grosos y que dicen cosas importantes.

–También hubo una década de la televisión glamorosa, que invertía, que hacía via­jes al exterior. Perteneciste a ese mundo.

–Sí, y los viajes presidencia­les cuando iba una delega­ción. Ahora se manda todo por internet. Yo viví esa época y la verdad que la dis­fruté mucho. Hasta Hawái conocí. Yo me acuerdo que Alvarito Ayala, muy amigo, me decía “este año estuvo más o menos, factura­mos más o menos cuatro palos verdes”. Hoy nadie factura eso en televisión. Ernesto García, otro gran amigo, también tenía ese nivel de facturación sola­mente con sus progra­mas de televisión. Eran los paquetes grandes que com­praron las grandes multina­cionales e invertían. Era una inversión enorme en produ­cir también publicidad local.

–¿Y qué cambios ves en la televisión de futuro?

–La televisión yo estuve analizando mucho, tiene una salida comercial por el lado de la venta. Y hay que ver cómo lidiar con eso. Yo me di cuenta de que los canales abiertos siguen muy fuertes en la venta directa y hay que ver cómo agre­garle contenido a eso para que no sea solamente un canal de oferta de productos. Por ahí va a ir la solución. Ya no creo que se puedan sostener programas de alto costo.

–Tuviste una temporada hilarante como contador de chistes y me pareció que esa es otra cosa que me pare­ció interesante porque todo el mundo estaba de acuerdo con eso hasta que llegó la política y decían “este sola­mente cuenta chistes”. ¿Cómo fue que empezaste?

–Lo de los chistes surgió porque hay un problema en la televi­sión que hasta ahora sigue, que hay un enamoramiento del pro­ducto trágico, los choques, las violaciones, el apuñalamiento, las peleas entre vecinos, y no podemos salir de eso porque salís y cae el rating.

LA POLÍTICA

–La gente que está en medios tiene una ventaja en la polí­tica porque ya hizo una primera fase que es el conocimiento y la confianza de los ciudadanos. Así es como creo que ya por 2012 tuviste una primera charla con un presidente al respecto de la posibili­dad de meterte en política, ¿verdad?

–Sí, eso mucha gente hasta ahora no lo entiende. Yo tengo que explicar que mi familia es política. Papá fue exiliado, peleó en el 47, se fueron a Bue­nos Aires. Adolfo fue siempre político, fue preso en Embos­cada, mi hermano Roberto en Encarnación tuvo una carrera política de toda la vida. Enton­ces, no era tan extraño. Lo que pasa que me habían conocido en otra faceta, el contador de chistes, el animador, el disc joc­key y el simple locutor. Fue un llamado que yo tenía que res­ponder alguna vez. Y me parece que la intención fue interesante al principio, hasta que ocurre lo de Curuguaty. Eso modificó todo el panorama. Mucha gente también me dice “Lugo te cagó”. Y yo tengo una buena impre­sión, sin embargo, de Fernando, porque lo entendí también en sus circunstancias. Hay que estar ahí, en ese lugar. Es muy distinta la visión desde afuera de la política real. Y después cuando llega la intenden­cia era conti­nuidad lógica porque había números que decían que real­mente se podía ganar y Asun­ción es muy difícil ganar, Asunción es eminentemente colorada. Yo no podía rehuir a una cosa que estaba ahí ya dis­puesta para obtener el triunfo. Después viene la política real, donde uno tropieza con cosas que ni el más avezado puede calcular que se le van a venir. El manejo del poder es tan com­plejo.

–¿Entrarías de vuelta a la política?

–Muchos me preguntan eso y muchos que me quieren mucho me dicen “no vayas a meterte más”. Yo creo que ya di mi parte. 10 años dediqué al tema, arriesgué mucho, sufrí procesos judiciales muy com­plicados y uno expone mucho a la familia en la política. Enton­ces yo le digo a los chicos “es el turno de ustedes”. Sigo traba­jando. Me voy a algunas reu­niones del Partido Febrerista, ayudo ahí, aporto lo que he aprendido, pero me gustaría ver ya una nueva generación.

–¿Estás viendo una nueva generación en la oposi­ción, y lo digo porque per­tenecés a ella, o mismo en el oficialismo?

–Vos sabes que no. El oficia­lismo tiene más dinámica para producir nuevos lide­razgos. Hay que reconocer eso. Yo tengo la esperanza de que esos procesos se van a ir construyendo de abajo para arriba. Me invitaron hace poco al PRF para dar una charla, estaba el movimiento Para­guay Pyahurã y otros, y yo les dije que primero los sectores progresis­tas tienen que ponerse de acuerdo, tener una plataforma, un ideario común, y ahí ir a nego­ciar con quien sea, con el Partido Liberal o con Payo (Paraguayo Cubas), con el que sea. Si nuestro sector no tiene un acuerdo pre­vio siempre vamos a ir todos atomizados.

–¿Tu caracterización final con la política ha sido de amargura, de renegar de esa historia, de haber aprendido, de amarla?

–Yo todos los días de mi vida todavía pienso en términos políticos. Todos los días veo lo que está pasando. El otro día escribí un comentario calificando este como el peor Congreso de la histo­ria y generó un terremoto, pero está bien, me gusta eso, no rehúyo, es lo que pienso. Finalmente es importante expresar lo que uno piensa y lo que uno percibe tam­bién, ¿verdad? Estable­cer un poco la crítica y el debate. Así que eso voy a seguir haciendo.

ETERNO APRENDIZAJE

–Alfredo Zitarrosa tiene una canción que se llama “Doña Soledad”. ¿Cómo te estás llevando con ella?

–Yo siempre digo que por lo visto estoy destinado a una vida siem­pre intensa en ese sentido. Uno cree que ya en cierta madurez tiene que llegar a una tranqui­lidad emocional y ya, en pocas palabras, no sentir casi nada y terminar los días apacible­mente. A mí me tocan siempre cosas intensas y estoy recupe­rando el valor de estar en sole­dad. No es fácil. Tuve muchos momentos de mi vida en que lidié con eso, algunos malos, otros buenos. Y bueno, ahora estoy reaprendiendo. (Jorge Luis) Borges decía, no es que decía, lo hacía.

Él cuando llega moribundo a Suiza, a Ginebra, le dice a María Kodama “conse­guime un profesor de anglo­sajón antiguo”. “Y para qué”, le dice, “porque quiero morir aprendiendo”. Genial. Era un mensaje típico del maestro y, bueno, yo parece que voy a seguir aprendiendo sobre mi vida en términos sobre todo afectivos.

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