Este domingo Toni Roberto hace un pequeño viaje a partir de la guía telefónica de 1968 y a personajes de esa época como los llamadores productores de chistes telefónicos de aquellos años.

Calle Alberdi 679. Por el vidrio inglés de la puerta entraba una luz verde. El sol estaba cayendo al oeste y la tarde tenía olor a café. La arteria lucía su impecable asfalto que llevaba rumbo al sur de la Asunción. Al lado de la entrada, a la derecha, el viejo pesado teléfono negro. En el sillón, sentada mi abuela, la pregunta: ¿Nonna, que hacés al lado del teléfono?: “Estoy sentada acá por si alguien llame”. La línea baja en aque­llos años tenía un papel pro­tagónico.

LA CASA CON TELÉFONO Y TODO

Eso es lo primero que me viene a la memoria al ver una guía, la de los abonados de 1968. ¿Qué pasaba en aquellos años? El hombre estaba a pasos de lle­gar a la luna, empezaban las primeras casas de arreglo de televisores

–cuya publicidad publica­mos hoy–, ya que estábamos a tres años de su arribo al Para­guay en 1965 y las guías iban tomando volumen con más abonados. Ordenada, ya con­taba con 354 páginas y mucha gente después de hacer un esfuerzo económico y pade­cer la espera, la línea se hacía realidad.

Recuerdo una frase de un querido compañero de infan­cia que decía: “Los Carreño ya tienen casa nueva con telé­fono y todo”, refiriéndose a un ciudadano español que se había afincado en Asunción, gran ebanista, cuyo hijo era alumno de los jesuitas. Tener línea baja en esos años era un símbolo de estatus. En muchos barrios, seguía estando aquel vecino que tenía el único telé­fono de la zona, muchos pres­taban y algunos cobraban por el servicio.

DESDE EL TELÉFONO DE DOÑA VISITACIÓN HASTA LA “Z”

En un número en el que tam­bién me refería a “teléfonos de barrio” recordaba a doña Visitación, una antigua vecina del centro que, como su nom­bre lo indicaba, era muy visi­tada porque prestaba siempre el teléfono a algún ciudadano que lo necesitara. En el viaje a los recuerdos de una vida que pasaba, todavía, mucho más lenta, estaban los “expertos en teléfono ligados”, una situación muy frecuente en el rubro tele­fonístico hasta bien entrados los años 90 o los de los chistes telefónicos, como aquel de las lavanderías. ¿Señora, ahí se lava ropa? Y cuando la respuesta era negativa, seguidamente venía un “pero qué sucia que sos”.

Nano Costa Martí era uno de aquellos llamadores. Al recibir la guía anual buscaba el último abonado. En el caso de la del 68 la “víctima” fue el señor Ángel Yubero, que tenía el 23 825. Le decía: “No da vergüenza ser el último abonado de la guía”. Más adelante llegó la “Z” y el sorteado fue el señor Zunini, que al final, con el tiempo, hasta llegaron a ser amigos a partir de las bromas.

RECUERDOS MINÚSCULOS QUE ATESORAN GRANDES EMOCIONES

Así homenajeo a aquellas guías que parecían peque­ños libros y que atesoraban información de los abonados de la época, en este caso la “Guía de abonados” de 1968, que después de un largo reco­rrido llegó a mis manos gra­cias a la experta en objetos del pasado Susana Uliam­bre, quien colabora denoda­damente en la formación del Museo de la Guía Telefónica del Paraguay.

Tal vez pareciera un acto frí­volo, pero no. Ahí está toda una época de una sociedad mucho más sencilla que merece tener su espacio dentro de los recuer­dos de las historias minúsculas de la ciudad y de los barrios de Asunción.

Etiquetas: #Recuerdos#guía

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