Producción periodística: Marycruz Najle - Fotos: Eduardo Velázquez

El actor y director paraguayo Arnaldo André disfruta de estos días en nuestro país presentando una obra teatral que él dirige y en esta entrevista habla con Augusto dos Santos para el programa “Expresso”, del canal GEN. Su trayectoria, sus sueños, su paso y vida en Argentina y la convicción de que Paraguay tiene mucho talento para la ficción en este mano a mano imperdible.

Augusto dos Santos (ADS): En estos tiempos en que el éxito se logra también por el camino del escándalo, del ruido fácil, ¿cómo lograste ese éxito más de medio siglo de vigencia sin nada de lo otro?

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–Llamar la atención, uno puede llamar de distintas maneras. Bien señalaste lo del escándalo, lo de pelearte con este, con alguien, y tu mujer y esto. Pero también podés llamar la atención con una línea de conducta, actuando con respeto hacia la gente y recibiendo respeto. Y eso también llama la atención. Y no es que yo llegué a esta conclusión fácilmente, sino porque el público me lo dice. Siempre pensé que uno tiene que validar, presentar en primer plano el trabajo, tu trabajo es tu pasaporte.

–ADS: Para hablar de este momento, nuestra relación con los sitios entrañables también atraviesa por diferentes etapas. ¿Cuál es tu vínculo afectivo de tu hoy, hombre maduro, con tu Paraguay?

–La madurez te provoca un regreso, ¿no? Tal vez en otra edad no, pero sí o sí, como que te ponés a pensar sobre recuerdo. Tengo una imagen de hace una semana, de dónde salió no recuerdo. Creo que fue a través de ver en la calle a chicos. Decía qué habrá pasado, lástima y mi mamá no vive más para preguntarle esto, tal vez habrá comentado y no le di importancia, en una familia donde se componía de cuatro mujeres, de pronto espera mi mamá un quinto hijo y de pronto es un varón, y lo que se habrá conmocionado esa familia. Y después pensaba lo que sería con mis hermanas. Sería como un juguetito para ellas, ¿no? Y recién ahora uno se pone a pensar todo eso. Y mismo cuando vengo a Paraguay, donde tengo tanto contacto con la naturaleza. Recuerdo mis juegos debajo de una planta de mango, siempre digo que mi mamá me dio la teta debajo de una planta de mango, por eso quizás me llama la atención todo lo verde. Y todo lo que veo hoy tiene que ver con el presente, en cuanto a lo laboral y lo existencial. Pero no por ello dejo de tener esos recuerdos hermosos que tienen que ver con la niñez, con la juventud.

ADS: ¿Imagino que esos recuerdos se reverdecieron mucho en ocasión de tu incursión como director cinematográfico y con una obra que era absolutamente autobiográfica, no?

–Sí, totalmente. Tuve que volver a vivir, diría la palabra, no. Yo recién vengo de un programa de televisión de programas míos donde estuve en este país, en Argentina, en México, en Puerto Rico, y de repente como que fue otra persona el que lo hizo. Y de repente cuando tengo la opción de escribir un guion basado en mi adolescencia y escribir un libro donde cuento aspectos de mi vida, vuelvo otra vez a vivir esos momentos. Es una experiencia muy linda y agradable. Sobre todo porque el saldo es positivo. Porque de lo contrario yo diría que recuerdo nomás esta parte. Pero no, tengo cosas lindas de verdad que he vivido y he sido siempre mimado por el público, hasta el día de hoy, y eso hace que uno permanezca.

–ADS: En una entrevista dijiste alguna vez que eras un caballero porque era parte de tu formación ¿Qué es lo que tiene que tener una formación para que uno sea caballero el resto de su vida?

–Educarte en el ámbito de una familia donde te enseñan a respetar al otro. Entonces, y máxime, cuando crecés en una familia donde todas eran mujeres, había que respetar a las mujeres, darles sus espacios, sus sitios y además así como conté, en mi película y en mi libro, el hecho de perder muy temprano a mi padre, hizo que asumiera muy rápido el rol de jefe de familia y eso me ayudó mucho a comportarme como un hombre, como un caballero. Y siempre cuento una anécdota que cuando tenía 16 años me fui a Buenos Aires a trabajar, estuve trabajando en una empresa y entonces entró una nueva recepcionista, y la invité a tomar un jugo después del trabajo, fuimos a la calle Corrientes, estábamos por ahí, y entonces yo le separo las sillas para que ella se siente y me dice gracias, ¡qué antiguo que sos! ¡Me mató! (risas), pero yo lo hago siempre, no puedo, no puedo. Esto tiene que ver con la educación que uno recibió, ¿no?

–ADS: Hacer teatro en Paraguay, ¿esa es la misión de las próximas horas?

–Es la satisfacción enorme de poder estar en tu propio país, entregarte al público y arriba del escenario más aún porque nada es comparable con el teatro. En una parte de la obra que estoy haciendo, yo digo que el escenario es mágico y digo que el teatro es una experiencia increíble, que no se puede comparar con otra. Porque es hacer tu trabajo sin red alguna. Lo que el espectador va a ver arriba del escenario, nada te salva. Solamente vos. Por lo cual es una disciplina más atractiva, porque te posibilita ensayar durante un tiempo, un mes, mes y medio. Cosa que no sucede con la televisión. Con la televisión te dan el libro hoy, te lo tenés que aprender a la noche y a la mañana vas y lo hacés a la buena de Dios, como sea. El teatro no. Se prueban cosas, los ensayos, empezás a oir a tu compañero, discutís escenas con tu director. Es una de las disciplinas más atractivas. Y esa comunicación con el público. Sabés que el público está ahí. En la televisión no sabés quién te ve. Pero en el teatro vos sabés que el público está ahí, que se fue al teatro.

–ADS: Decinos dos palabras de tu obra actual.

–Esta obra me posibilita a mí hacer algo totalmente diferente de lo que es mi personalidad y mi vida. Transcurre en el núcleo de una familia. Claribel hace de mi ex mujer, hoy mi representante. Jazmín es mi hija, con quien no me llevo bien. ¿Y qué hace este personaje? Es un actor que nunca tuvo protagonismo, nunca sobresalió para nada, pero se quedó con un egoísmo, con un ambición de poder ser, pero ya no está en la edad, pero el hombre no se da por vencido y nada le viene bien. Él cree que es una estrella y nunca lo fue ni lo será, entonces ese es el tema. Transcurre en ese núcleo familiar, donde tratan de ayudarlo, pero él nada, él quiere vivir como una estrella, que claramente no es. Es muy divertida la obra. En el teatro Guaraní.

–ADS: ¿Se dialoga sin palabras aparte del texto con el público?

–Hay un diálogo tácito. El público sabe a qué va. Va a ir a descubrir algo nuevo. Y nosotros sabemos que ellos están ahí porque les interesa lo que le vamos a ofrecer. Esa presencia del público en la sala crea una adrenalina muy especial. Van a estar escuchándote, viéndote y te van a premiar, no mañana, ahí mismo, con sus risas, con sus aplausos y lo que es muy importante, su silencio. En este caso es una comedia, pero si hacés un drama, ese silencio es importantísimo. Que te estén escuchando atentamente, que no haya movimientos de butacas, ni carraspeos, ni de papel, que estén atentos a qué va a pasar. En este caso al tratarse de una comedia, también están atentos, porque no quieren perderse, porque la gracia está, en nuestra obra, en lo que se dice. Estoy muy feliz, qué más puede pretender un actor de volver a su país y recibir el cariño en el escenario.

–ADS: Quiero saltar un poco en el tiempo porque el lunes 7 de marzo se recordarán 50 años de “Rolando Rivas”.

–Ah sí. Mirá qué bien informado que estás.

–ADS: Y es creo que es un tema para recordar, ¿no? Porque fue tu inserción en un proceso del que ya no saliste.

–Yo había hecho cosas en teatro, pero en televisión no tenía entonces, que todos los actores jóvenes necesitábamos. Efectivamente, un recuerdo muy acertado, justamente en esta semana participé de un programa que hacía referencia a la historia de “Rolando Rivas”. Yo acababa de protagonizar con Mirtha Legrand una obra de teatro y quería mi espacio en la tele. Alberto Migré escribió “Rolando Rivas” e iba por el sexto mes de éxito increíble, el país se paralizaba. ¿Quién no quería trabajar en “Rolando Rivas”? Pero ese no era mi plan. Mi plan era entrevistar con Alberto para que me ofrezca un protagónico en la próxima temporada o inmediata. Entonces voy a tomar un café y de repente él me dice, hay un personaje que esto, que quiero y la verdad que no me entusiasmé mucho con la idea. Me mandan el libreto, lo leo y aparezco en la última página, diciendo unas cositas, además insertarme en un éxito que, no sé, le dije que no. Pero me dice, noo Arnaldo, fíjese, que yo hace rato vengo hablando de este personaje. Y de mala ganas acepté, fui a grabar, medio incómodo, porque como se conocían, todos disfrutaban de un éxito. Y grande fue mi sorpresa cuando el programa salió el martes, me dijeron que el miércoles fuera a buscar mi libreto, fui, paré frente al canal 13, bajo del auto, y ahí 15 a 20 chicas, mirá quién está ahí, Juan Marcelo Echenique, que era el nombre del personaje.

–ADS: Era el rating del momento.

–Claro, eso fue para mí tres meses de participar de un éxito en “Rolando Rivas”, lo que significó luego que Migré me convocara para protagonizar con Soledad Silveira la siguiente novela.

–ADS: ¿Si Migré era un distinto, por qué era distinto?

–Primero y principal, que por eso trato de imitarlo y lo admiro mucho, se entregaba a su obra. Creía en lo que hacía. Había otros tipos de autores, de manera más intelectuales, pero él amaba la ficción. La telenovela. Y apuntaba siempre hacia el amor. El amor era la columna vertebral de su historia. Contaba esas historias en las que la gente se metía tanto, había tanta intriga, cómo se van a juntar, por qué se oponen, o el novio que entra. Fijate vos esa novela.

–ADS: El arte de complejizarla...

–Exacto. No era una novela que iba todos los días. Iba una vez por semana. Y la gente esperaba para ver qué iba a pasar. Yo hasta el día de hoy defiendo la ficción y digo que ahora no tenemos ficción en Argentina o no queremos, es porque los productores no apuestan al amor. Él apostaba al amor y eso lo hacía diferente.

–ADS: Tengo una frase que es casi textual tuya y dice “los besos se tienen que hacer desear. Hoy los enamorados se besan en el segundo capítulo”. ¿Se está perdiendo esta liturgia, en la vida cotidiana, en el manejo de estos tiempos?

–Y hoy parece que todo es mucho más fácil. Fijate vos que en otras épocas, relacionarse con una mujer no era tan fácil. Vos pasabas cuatro o cinco veces por frente de la casa de la chica para ver si te miró o no. Antes era una cosa, una timidez, un respeto. Y entonces hoy se muere con esto del Whatsapp, que te comunicás así, ya la timidez no existe. Ya pueden hablar antes de verse. ¿Me contestará? No sé.

–ADS: Creo que fue Casiari sobre eso de que si el Whatsapp hubiera existido antes, habría arruinado la trama de miles de obras.

–Sí, totalmente. En las novelas de Migré y de otros, de la época, ese beso de los protagonistas se hacía desear. Recién en el capítulo 30 quizás. Te voy a contar una anécdota. Hice una novela muy exitosa en Venezuela, hice dos en realidad. En el intermedio de esas dos novelas, querían darle descanso a la autora Delia Fiallo, que hace poco falleció, una autora cubana, y sus novelas empezaron a tener éxito en todo el mundo. La primera novela que hice con ella se llamó Rafaela, luego tenía un contrato para hacer una segunda novela, pero querían darle descanso a Delia, y contratan a un autor, cuyo nombre no lo voy a dar, un argentino, que escribía otra cosa. Escribía programas unitarios, situaciones que duraban una semana. Muy intelectual él. Y se ve que lo convencieron para que escriba la próxima novela para mí. Y el hombre escribe. ¿Y dónde viene la falla? La falla viene por el lado de que la protagonista tenía un novio y en el primero o segundo capítulo se ve cómo se besa y prácticamente se acuesta con el protagonista. Eso no lo podés al público. La protagonista es una santa, no lo toques. El único que la va a tocar es el galán. Se fue al diablo la novela. Nadie la vio, no tuvo aceptación. Porque son códigos que tenés que respetarlos.

–ADS: Quiero volver un poco atrás porque advierto el tono de tu expresión verbal es bastante neutral. Eso tiene que ver con el hecho de que fuiste locutor acá, fuiste a la Argentina.

–Cuando llegué a la Argentina a los 17 años, yo tenía muy claro que tenía que dejar de lado mi acento paraguayo. Intenté hacerlo, si bien nunca me salió o no quise imitar al porteño. O sea, yo nunca hablé “che, esto”. Empecé a trabajar en esta cosa neutra. Que la gente la aceptó inmediatamente. Luego voy a trabajar a México, luego a Venezuela y se me mezcló todo. Hoy la gente que no me conoce me pregunta ¿tú de dónde eres?

ADS: Capaz que con Venezuela.

–Sí, con Venezuela fue terrible. Ah, con Cuba. Porque conocía muchísimos cubanos en Venezuela y México, entonces me sale hablar. Hoy día se me mezcla todo. Hoy hablo con un venezolano y automáticamente hablo como un venezolano. Así que, bueno, la suerte, Augusto, no fue un impedimento para que me convocaran a trabajar. Incluso creo que me ayudó, que me dejó un pequeño sello.

ADS: ¿Qué hiciste en Paraguay antes de esa carrera brillante en Argentina?

–Estando en San Bernardino, nos vinimos a Asunción, yo teniendo 14 años o 15 años. Y había un actor, que se había afincado acá, que se llamaba Ricardo Turia, un español que tenía un radioteatro que paralizaba al país. Entonces leo en el diario La Tribuna que él anuncia clases de actuación y radioteatro. Me inscribí y empecé a trabajar. Integro su elenco de radioteatro, él después hace otro programa de entretenimiento en Radio Cáritas y me convoca a mí y a otra compañera, Lilian Colmán, a que hiciéramos la locución. Ahí debuté como locutor. Y a partir de ahí tuve la suerte de empezar a trabajar en radios. Comuneros, Emisoras Paraguay, Cáritas, inclusive estuve en una radio que ya no está más que se llamaba Mariscal López. A mí siempre me gustó la locución. Los avisos de los diarios leía en voz alta en mi casa. De las revistas. Y entonces viví un momento de gloria de la radiofonía paraguaya.

–ADS: Te apareció una oportunidad que te vinculó con una estrella absoluta de esa historia del cine, que es Mirtha Legrand, en la obra “40 Quilates”, ¿cómo fue esa experiencia?

–Primero debo decirte que en mi época de locutor de radio en Asunción teníamos pases gratuitos a las salas cinematográficas. Yo vivía en las salas de cine. Me encantaba el cine y, por supuesto, mucho más de lo que venía de Argentina. Yo había hecho parte de mi primaria allá y por eso siempre quise volver. Y entonces cuando fui a la Argentina, y digo, Dios mío, esta es la gente con la cual, por ejemplo había una actriz, por supuesto todos los chicos de mi edad veían Tarzán, en Buenos Aires los actores eran muy famosos. Y había una actriz, Mabel Lando, que hacía de Juana, la mujer de Tarzán. Y en mi primera participación en televisión argentina, con un pequeño papel, estaba ella, Juana. Y yo decía, Dios mío, se me cumplió un sueño. Y volviendo a tu pregunta, de pronto, me convocan para hacer el galán de Mirta Legrand.

–ADS: ¿Cuántos años tenías?

–26. Me convocaron, por supuesto lo acepté. Y vino con toda una promoción gratuita. Si yo tenía que haber pagado por tanta prensa, jamás iba a tener ese dinero. Porque fue todo un acontecimiento de que Mirtha iba a tener un galán que nadie conocía, rodeado de un elenco de primerísimo nivel. Así que fue que tuve una presencia en la prensa que me valió para toda mi vida. El público empezó a conocerme, los productores, y para mí fue un acontecimiento que yo creo que ya no se repite.

–ADS: Fue un punto de inflexión, definitivamente.

–Total.

–ADS: Y dentro de eso me pone curioso al respecto de los géneros. El público y hasta la prensa, te etiquetan determinado género. ¿Qué momentos viviste en tu vida de estos cambios, de estos saltos?

–Si bien el éxito que me acompañó en la telenovela, porque tenía contratos de uno tras otros, yo siempre decía que mis personajes eran primos. Eran todos iguales. Entonces yo decía que tenía que hacer también otra cosa. Drama, comedia. Me acuerdo que si bien en todas las telenovelas yo metía algo de comedia, fuera de libreto. Y yo estaba por irme a Los Ángeles a estudiar, y en Argentina empezaron a hacer las comedias semanales. Y le digo a mi representante, me gustaría hacer. Y me dice, mirá hablé con el fulano de tal, gerente artístico, sí muy bien, muy bien, pero Arnaldo no es el tipo de actor que necesitamos. Claro, porque yo no era actor de comedia, era galán.

–ADS: ¿En qué momento de tu carrera fuiste a estudiar?

–Ya fue cuando era conocido, pero yo quería un cambio. De repente me llaman para hacer una cosa loca. Hay un actor, que le deben conocer, se llamaba Jorge Guinzburg, tenía un programa que se llamaba “Peor es nada”, donde cada año hacía uno o dos especiales, una especie de parodia. Me convocan porque Guinzburg sufría de asma, que era una parodia sobre los Martín Fierro, los exteriores se grababan en la provincia de Buenos Aires, y él por su salud no podía hacerlo. Y me habla mi representante, y dije, era un programa que no tenía nada que ver, pero me vine. Eran dos capítulos. Los grabamos, salió al aire. Al día siguiente, mi misma representante mujer, me dijo que el mismo gerente, que había dicho que yo no era el actor que estaban buscando, la llamó para ofrecerme grabar una comedia. El programa se llamó “Gerente de familia” y estuvimos tres años. Yo me jugué y gané. Esos saltos son necesarios, imprescindibles, quizás. Después está la otra etapa, me llaman para hacer televisión. Galán de vuelta. Y cuando me ofrecen un personaje, para Salvaje, que era un personaje dramático, un tipo desagradable, donde comulgaba con todo, menos con la decencia. Y dije, esto me interesa. Esto me puede dar una gran posibilidad. Y bueno, el programa funcionó muchísimo, con mucho rating, un elenco de jóvenes y gente adulta, muy talentosos todos. Y el premio fue finalmente que me dieron el Martín Fierro por ese trabajo.

–ADS: Volviendo a ese pasado tan brillante, en el 75 se da otro punto muy importante con “Piel naranja”, ¿no? No fuiste a trabajar de paraguayo –que no hubiera estado mal– cuando empezaste, sino lo hiciste ya en la cúspide de tu carrera.

–Es volver a lo que hablamos hace rato. Lo del acento. Si hubiese empezado con papel de mi acento paraguayo, me hubiesen llamado siempre para hacer el papel de paraguayo. Y no pasa solamente con el acento paraguayo. Pasa con todos, con los provincianos, con todo. Pasa con los santiagueños, con los cordobeses. Y yo como ya lo tenía estudiado, qué se yo, Dios me dio esa posibilidad de estudiar el mercado, de cómo entrar. Y eso creo que me ayudó. Lo de “Piel naranja” fue una casualidad que sin querer la provoqué yo. Le había pedido a Migré que escriba una obra para salir de gira, con mis compañeros de elenco. Fuimos por distintas provincias. Y le digo que me gustaría ir a Paraguay. Y habló con la gente del Teatro Municipal y vinimos. Le invité, le encantó la idea. Estuvo en el día del debut, estuvo en las otras noches. Y al volver, tenía que trabajar en su nuevo proyecto. Entonces así fue que se le ocurrió hablar sobre una familia paraguaya que va a Argentina a establecerse. Y ahí surgió lo de “Piel naranja”, porque en la época que empecé a trabajar, y los periódicos tenían una última página de humor donde ponían sobrenombre o apodos a los actores y demás, y a mí me pusieron el “Naranjarito”. Entonces ahí Alberto pensó en “Piel naranja” y me gustó mucho hacerlo.

–ADS: ¿Qué matices tiene ser galán en Argentina, en Venezuela, en México?

–A ver, los galanes que me tocó interpretar en México y Venezuela eran como más formales, tímidos si se quiere. En Argentina, no sé, pero sí puedo decir, que yo le ponía parte de mi personalidad, entonces le hacía más avanzador, mis besos por ejemplo no eran besos tímidos. Eran con todo. Cuando fui a Venezuela, a ellos les llamó la atención, porque los galanes besaban una cosa así, medio floja. Yo leía el libreto y donde decían se besan, entonces le agarraba con todo, un beso con todo. Y eso les encantaba. Se ve que hay una costumbre que de pronto tiene que ser más sutil y yo era una fiera.

–ADS: ¿Qué sentís cuando o qué hubieras sentido en el 75, en ese momento tan crucial, si alguien del futuro pasaba y te decía, Arnaldo, en los 2000 para adelante, las telenovelas van a ser turcas?

–Ouh. No lo hubiese podido creer. Y menos si el que me predecía eso me hubiese dicho “y vos vas a ser fans de esas novelas”. Le hubiese dicho que está equivocado.

–ADS: ¿Por qué te gustan? ¿Qué tienen las novelas turcas que no tienen las argentinas?

–Las novelas turcas tienen todo lo que tenían las argentinas. Lo que no tienen las turcas son las que tienen las novelas argentinas, te diría. Este... en las novelas turcas todo transita alrededor del amor. Y entonces está el humor, la violencia, pero el amor es el tema, vos querés que se juntaran esos dos protagonistas. Hoy las historias son muy lights, más sutiles, es como que la ficción argentina sintió vergüenza de hablar de amor. Entonces no entienden que no es eso. Hay un código, si respetás ese código, vas a mantener al público. Pero sí, tenés razón.

–ADS: En estos últimos dos años, se dio en Buenos Aires justamente, se dio la presencia de compatriotas que están en buena racha. ¿Qué te produce eso?

–Una satisfacción. Le conozco a ambos y son talentosos, tanto Lali González como Nico García, supieron aprovechar muy bien esos personajes que el público aceptó inmediatamente. Ojalá que eso se repita, que crucemos, que por de pronto los actores argentinos puedan venir acá. Pero para eso es necesario que los canales se atrevan a hacer ficción, porque el público paraguayo quiere ver a sus actores haciendo ficción. Es necesario que acá haya esa posibilidad, y que de pronto mis colegas paraguayos puedan pasarla bien, vivir de su profesión y la televisión es lo que ayudaría mucho.

–ADS: ¿Hay alguna otra proyección como director?

–Tengo en mente y más que en mente, impreso en un guion, poder hacer cine. Sucede que en Argentina hubo cambios de autoridades del Instituto Nacional del Cine, del cual dependemos para hacer cine. Y eso implicó esperar un poco y ver que se acomoden y ver las nuevas políticas de las nuevas autoridades. Inmediatamente vino lo de la pandemia y eso hizo que se atrasa todo. Luego me metí de lleno en este proyecto, pero creo que es un buen momento de volver a pensar en eso, en dirigir cine.

–ADS: ¿Lo harías en Paraguay de nuevo?

–Donde fuere. Trato de que las historias no sean localistas, sino que se puedan suceder en cualquier parte.

–ADS: ¿Cómo ves a los nuevos actores?, ¿tenés algún conocimiento de lo que pasa en Paraguay, en Argentina?

–Lamentablemente de Paraguay no estoy informado. No he visto películas, pero sí por mi experiencia anterior, cuando estuvimos filmando “Lectura según Justino”, descubrí que hay talentos. Gente con mucha experiencia muy talentosa también. Vi a actores que los conocía de antes y cómo responden, y escuchan al director. Y en Argentina está a la vista, aparecen muchos jóvenes muy talentosos. Pasa que dije también que hay poca ficción en Argentina y de repente hay una gran diferencia con lo que sucedía antes. Antes no te daban la llave de la televisión así nomás. Hoy cualquiera puede sentarse a hablar de lo que quieras y al día siguiente ya es figura. Antes tenías que dar pruebas y pruebas para lograr tener una presencia en televisión.

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