El experimentado periodista habla desde Europa con Augusto dos Santos para otra entrega de “Expresso”, del canal GEN. Martin, que hace más de dos décadas trabaja como corresponsal de varios medios latinoamericanos (y de canal GEN para Paraguay) en el Reino Unido, asegura que cubrir la pandemia en Inglaterra fue uno de los eventos más chocantes de su carrera. Señala que vio morir mucha gente en un país que no se esperaba pasar por algo así. Habla también de su vida, de cómo llegó a ser periodista y de sus amistades en Paraguay y el cariño hacia nuestro país.

–Augusto dos Santos (ADS): ¿Vos escribiste un diario en el primer grado?

– Sí, nació de una rivalidad con un compañero, que él había hecho uno, que hacía unas paginitas y hacía fotoco­pias. Yo tengo 49 años, estamos hablando entonces de hace 43 años. Y la verdad es que veía a los demás compañeritos que le pedían más copias y como no podía más, entonces me senté a escribir mi propio periódico que se llamaba Futuro, que lo escribía con una máquina de escribir. Como mi papá era comisario, siempre le daban máquinas de escribir y eso usaba para hacer mi diario. Le pregunté entonces al inventero cómo podía imprimir copias, me dijo hay que hacer unos máster, había que pagarlos, por lo tanto necesitaba finan­ciarlo. Yo no quería ganar plata, solamente comunicar. Contar las noticias del colegio. No me gustaba que se inunde el esta­cionamiento. Estuve en el colegio Marín, del barrio San Isidro, y ahí aprendí a cómo financiarlo. Le pedía avisos a los que mi mamá le compraba las verduras, el pan, el alma­cén me ponían los avisos y mi abuela me acompañaba a hacer los máster, y el inventero me lo imprimía a cambio de traba­jarlo de cadete. Así que tenía mi diario mensual que duró todo el colegio primario.

– ADS: Disculpame si esto suena muy prehistórica, pero ¿la producción final era con un mimeógrafo o una imprenta?

– Era con una imprenta, hacías los máster y las ponías en las rotativas Heidelberg viejas que imprimían página por página, porque las fotocopias eran muy caras en ese entonces. Y eso fue una manera de hablar de deportes, de estudios; siem­pre me gustó la historia y daba noticias del barrio. A los seis años por ejemplo me llama el director, cuando vio que había copias del diario. Imprimía­mos 90 para los alumnos y 10 para los profesores. Es decir, desde chiquito ya me fui ins­truyendo sobre cómo hacer la logística del diario y sobre todo del poder que tiene porque fijate que me llama el director y me dice: escúcheme Martin, antes de publicar sobre la inun­dación del estacionamiento y los baches, venga a consultar conmigo. O sea, el director se dio cuenta de que un chico de seis años lo estaba cuestio­nando.

– ADS: Me dijeron que si zozobrás en una isla gua­raní parlante, tendrías un manojo de palabras para sobrevivir, ¿es cierto eso?

– La verdad que no. Pero mi relación con Paraguay es desde hace tiempo. Mi papá era poli­cía en una época complicada, los 70 en Argentina, y yo iba al jardín de infantes con un cabo de la policía que me acompa­ñaba, de apellido Ibarra, que era paraguayo e hincha de Olim­pia y él fue que me enseñó las primeras palabras en guaraní. Primero, por si me secuestra­ban, para comunicarnos sin que entiendan los demás. Y así fue que aprendí mis primeras palabras. Él después murió. Lo mató la guerrilla en Argen­tina y siempre quedó un gran recuerdo mío de lo que era este hombre, Ibarra. Experi­menté junto a él, lamentable­mente, cuando la gente le escu­chaba su acento en Argentina, un poco de discriminación hacia el paraguayo, al cual yo siempre combatí, porque lo quería mucho. Él me enseñó a andar en bicicleta, me enseñó a hamacarme en la plaza, creo que hasta en algún momento me pagó alguna vuelta de kar­ting, que mi papá no quería. La verdad que fue un gran compa­ñero, me acompañó en mis pri­meros pasos de rugby. Mi papá como comisario tenía muchos días de guardia y entonces com­partía mucho con él, así que así se originó mi cariño por Para­guay a través de él.

– ADS: ¿Cómo es tu historia con el rugby? No sé si sos el primero, pero uno de los pio­neros de la presencia argen­tina en el deporte, en la cate­goría profesional en Europa. Contanos eso, por favor.

– De chiquito en Argentina hacemos mucho deporte. Era una época en la que no había tantos videojuegos. Mi padre me largaba en el club, San Isi­dro. Es una club muy grande, con diversos deportes, un mon­tón de deportes, te largaban a la mañana y te buscaban a la noche. Jugaba al rugby, al fút­bol, tenis, hacía natación, y la verdad que tenemos siempre un nivel competitivo y un sen­tido de pertenencia importante dentro de lo que es el ámbito amateur, porque por estatuto no tenía estatus profesional. Pero en Argentina, siempre como somos una mezcla de razas y culturas, con muchos países y competimos. Bueno, estando lejos es un deporte más de origen británico, juegan los franceses, los africanos, noso­tros somos un caso medio raro, Paraguay lo juega también por supuesto, pero en Argentina siempre competimos y cuando nos íbamos de amateurs de gira y a veces ganábamos, y veíamos que los otros eran profesiona­les, o semi y nosotros bien ama­teurs. Y bueno, nos invitaron a una experiencia laboral, yo quería trabajar en los medios, pude entrar al canal plus. Me invitaron a jugar en el rugby francés, competía al más alto nivel, pero siempre trabajando de otra cosa. Y en el 95 cambia todo, porque después de aquel mundial de Sudáfrica (con la película “Invictus”, de Nelson Mandela), a partir de ahí se con­vierte en profesional, oficial­mente. Y ahí pudimos pasar a tener un contrato con obligacio­nes y derechos de un profesio­nal. De Francia me contacta un club británico, fui y empecé. Fui a hacer unas pruebas en cinco clubes y quedé en tres. En Sara­cens, que era un club de Lon­dres, me ofrecieron también a hacer una pasantía laboral en la BBC, pero el martes siguiente cambia todo cuando entra un tipo y dice desde el jueves se convierte en profesional el deporte. Eso fue en setiembre del 95; por lo tanto, ya en esa mañana fui a firmar mi con­trato como jugador profesio­nal de rugby. Entré a la fede­ración inglesa esa mañana, a las 10:00. Fui el primer pro­fesional argentino por una casualidad, no por ser un fenó­meno. Ya había otros jugadores que cobraban y jugaban, pero tenían otras obligaciones. Y sí, fue el primer profesional argen­tino con contrato, pero insisto, por la casualidad.

– ADS: Me quedé con el caso de la BBC, porque de alguna manera eso sirvió para construir un nuevo esca­lón de profesionalismo en esto que iba a ser un matri­monio estable con el perio­dismo que ya tiene muchos años, ¿cómo y cuándo nació todo esto?

- Desde muy chico tenía las ganas de contar historias. Mi mamá me compraba unas enci­clopedias que se vendían en los barrios. Y estas enciclopedias me inspiraron a conocer y ver lugares y, por lo tanto, siem­pre me interesó contar his­torias o transmitir mensajes. les cuando uno viaja es la BBC Word, que es el canal inter­nacional. Por lo tanto el canal tiene una estructura de objeti­vidad, de rigurosidad, de infor­mar y ser un servicio público sin ser un títere del Estado. Ahí me formé, hice muchos cursos y de hacer mis primeras armas en el periodismo.

– ADS: El concepto de comu­nicación pública tan mano­seada en nuestro conti­nente, tiene su legitimidad en la experiencia de la BBC y otros medios públicos en Europa. Quiero consul­tarte sobre otra cosa ahora. Al margen del comunica­dor que transmite, ¿cómo viviste en tu entorno social este año covid?

– Angustia, frustración, tris­teza. El estar cara a cara con la muerte es una experiencia muy dura, el ver morir alrededor de uno, ver familias llorando delante de uno. Ver a las enfer­meras cansadas, angustiadas con las marcas de las máscaras en la cara. Uno trata de infor­mar lo más objetivamente posi­ble, de digerir. En mi trabajo como corresponsal, tengo que asimilar la información, dige­rirla y transmitirla a otra gente del mundo. Rompiendo barre­ras de cultura, idiomáticas, de diferencias horarias, sanita­rias, políticas, para entender lo que pasa y por qué pasa. Y la verdad que ha sido un año traumático. Hoy tenemos cero muertes en el Reino Unido, des­pués de diez meses. Y la noticia me agarró acá en Florencia, Ita­lia, y les comentaba y se ponían muy felices. Por acá aún tienen algunas decenas de muertes por esta enfermedad. En el país que nos mostró cómo podía ser esta pandemia, que fue Italia, en aquellas imágenes de Bér­gamo y Milán de principio, es por ahí el principio del fin de todo esto, de tener cero muertes después de diez meses es como que cierra una etapa de mucha angustia. Fue una experiencia chocante. Para el tipo que está en la calle permanentemente como yo es una experiencia, a ver.. la calle es la calle. Uno no sabe con qué encontrarse, hay muy buenas y otras muy malas. En este caso vi morir mucha gente en un país donde no me lo esperaba.

– ADS: Es como estar en un país posguerra, pero sin edificios caídos o algo por el estilo... imagino.

– Así es. Y mirá, si hay algo que me asombró del Reino Unido es que estamos en un lugar donde hay mucha historia, y es muy difícil si volvemos para atrás, te hablo de siglos, no de déca­das, de siglos, donde podamos encontrar un momento límite de la historia de los británicos donde las autoridades en ese momento, sea la monarquía o el primer ministro, haya tomado una decisión que no haya sido la mejor para el pueblo británico. Y en esto incluyo guerras civi­les, guerras mundiales, guerras en Medio Oriente, guerra con mi país de nacimiento. Y espe­rábamos otra cosa y terminó siendo otra realidad diferente porque tenemos el índice de mortalidad más alta de Europa. La vacunación ha sido una ben­dición, pero lo del año pasado ha sido una pesadilla.

– ADS: Una nación tan mar­cada por decisiones dramá­ticas en su historia...

– Por ejemplo si ves España y mirás lo del Reino Unido, y hasta los italianos, te das cuenta que los gobiernos españoles han errado durante siglos. Es más, para encontrar una buena decisión del gobierno español yo debo remontarme a marzo de 1492, cuando los reyes cató­licos le dan el ok y ofrecen un poco de dinero y tres barcos precarios llenos de convictos a un navegante genovés, que termina cambiando la historia del mundo y de España. De ese tiempo a esta parte, me cuesta encontrar una buena decisión en un momento límite de la his­toria española. Ya sea política o culturalmente. En el Reino Unido era lo contrario, pero la verdad que el gobierno subes­timó la pandemia y no se pre­paró como correspondía y no actuó como correspondía, des­nudando un montón de falen­cias en un país que no se espe­raba.

– ADS: Christian, después de pertenecer por muchos meses al territorio de la paranoia, la especulación, empieza a hablarse de los Estados Unidos, desde el pro­pio presidente de ese país, entre el liderazgo de China y todo lo que ocurrió al res­pecto del covid. ¿Cómo ven hoy a China desde la socie­dad británica?

– Esta pandemia desnudó un montón de cosas de muchos países. En el caso de los britá­nicos, la falencia en la produc­ción. Se convirtió en un país de servicios y se compra todo más barato en países con mano de obra barata como China, que nos mandó esto, este regalo y por el cual el Reino Unido tiene una balanza comercial de 70 mil millones de dóla­res anuales. Por lo tanto, hay intereses creados. Vos si tenés unos socios importantes vas a pensar antes de acusarlo de algo. Es lo que pasa ahora, me parece. Acá hubo negligencia del gobierno chino, de sus auto­ridades sanitarias. Una cosa es lo que yo pienso y otra la infor­mación. Pero la información que se viene recapitulando en medios líderes del mundo, como la BBC como los medios franceses, alemanes, no hablo de los norteamericanos por­que quizás son más drásticos con esto. Todo esto indica que el virus fue creado en un labo­ratorio y se escapó por error. Y que se empezó a transmitir y se lo achacaron a un mercado donde venden ratas y víboras y murciélagos, y los chinos infor­maron tarde y la OMS, que era el ente mundial que debía de informar rápidamente a todos los gobiernos, tiene intereses creados y demostró ser inefi­ciente. Por lo tanto la relación es difícil. Porque yo creo que el Reino Unido y varios otros países del Europa no podrían sobrevivir sin comercializar con los chinos.

– ADS: Christian, tenés dos décadas en esta nación, con una historia realmente abrumadora. Aparte del hecho de haber encontrado tu consolidación profesio­nal, debes tener ya vínculos de pertenencias, ¿no? ¿Qué te resulta ya entrañable del mundo británico?

- Logré formar mi familia. Yo vine con los botines colgados al hombro como se dice. Gra­cias al rugby pude abrirme camino, ahorrar, comprarme una casa, conocer a mi mujer, formar una familia. Pude acce­der a un montón de cosas que en Argentina era impensada en las circunstancias en la que estábamos. Aprendí a decir gra­cias con mi mujer que es fran­cesa y me apoyó todos estos años y me apoya, haciendo a veces de madre y padre, ante mi ausencia. Mi trabajo invo­lucra por todo el mundo. He podido trabajar en más de 100 países y eso ha significado una falta en el hogar. Helena ha sido una leona cuidando a los chicos, pero bueno, una identificación muy grande. Porque de mis 49 años, pasé 26 en el Reino Unido. Yo soy argentino, me nacionalicé británico, pero en cuanto a la identificación es muy grande con ser profesional, tratar de ser eficiente, tratar de prepa­rarse. Los británicos dicen que fallar en la preparación es pre­pararse para fallar. Yo dedico muchas horas a prepararme, a trabajar, a formarme, a estar en la calle, a chequear, aprender idiomas en Europa me ayudó mucho. Hablo cinco, entonces me permite acceder a informa­ción de primera mano. Me per­mitió acceder a confianzas sin arrogancias, aprendí mucho y sigo aprendiendo de los británi­cos. Y obviamente hay cosas de Argentina, de América Latina, que extraño mucho, como la espontaneidad, la solidaridad. Esa coraza que nos hace sobre­ponernos a muchas cosas por­que los gobiernos que no han manejado ahora y siempre han sido ineficientes, discrimina­dores con la gente. No quiero decir corruptos porque no tengo pruebas, pero la discri­minación contra la tercera edad en Latinoamérica es evi­dente. Eso no vi en Europa ni en el Reino Unido.

– ADS: Ese desapego real que se produce reciente­mente del Reino Unido, de Gran Bretaña, de la Unión Europa, ¿qué es lo que estuvo sucediendo en una sociedad tan estable para que de pronto se desengañe y se deshaga una unión que ha sido tan emblemática?

– Mirá, la Unión Europa nace de la posguerra mundial, de una Europa desbastada, que quedó en el medio de un sand­wich entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Con la diferencia que fue el campo de batalla. Europa se recons­truyó gracias al plan Marshall que fue un préstamo de Esta­dos Unidos. La Unión Soviética termina desapareciendo y el Reino Unido en ese momento, la generación anterior creció en ese esfuerzo de la possegunda guerra, donde el Reino Unido estuvo solo. Fue el único país en gran parte de la guerra que nunca negoció ni fue invadido por los nazis. Geográficamente es una isla y mentalmente en el pasado también. En la época del imperio británico siempre hubo esa mentalidad, de hecho cuando uno viene acá siempre se dice “vas a Europa”. Tenía sentido unirse, sobre todo para las economías más endebles de Europa como la italiana, la española o la portuguesa, la griega, con monedas obsoletas. Como aquí estaba la libra, la peseta, el marco, el escudo por­tugués, por lo tanto juntarse y hacer una unión tenía sentido. Mucha gente en el 2016, hace cuatro años, se hizo un referén­dum, y acá siempre molestó la burocracia con que se maneja los continentales, los sindica­tos, en lo que es la Europa latina, y realmente se tuvo más iden­tificación con lo que son los escandinavos, con los alema­nes en lo que es la apertura de mercado. La gente siempre tuvo ese sentimiento, esa ambigüe­dad, somos de Europa, pero no somos. Y eso lo explotó el par­tido conservador por el brexit donde la gente votó 52% sobre 48% en un referéndum en el que había dos posiciones, y mucha gente que pensó que ganaba el quedarse en Europa y terminó ganando el dejarlo. Todavía es temprano decir qué efectos puede tener. Por ahora el saldo es malo, porque no vemos cam­bios importantes en inmigra­ción, en economía, culturales, por lo menos a corto plazo. Por ahí lo sabrá a corto o más largo plazo. Pero para un inmigrante como yo que tiene parte de su familia en Francia, y estaba a favor de quedarse, el brexit ha sido una bendición para la vacu­nación, porque permitió que el Reino Unido tome decisiones unilaterales sin el consenti­miento de la UE porque signi­ficó que el Reino Unido pique en punta en la vacunación, y hoy pueda decirte que tenemos cero muertos por la pandemia. Por lo tanto, es muy temprano decir mucho. Pero las sensaciones por ahora no son las mejores.

– ADS: ¿Te parece que se va agrandando la distan­cia que hay entre el fútbol europeo en cuanto su pro­fesionalismo, su potencia económica y nuestro fútbol latinoamericano?

– Me parece que sí, pero decir Europa también creo que es generalizar mucho porque no es lo mismo hablar de un club de Europa del Este que de un club de Inglaterra, Francia o Ale­mania. Pero sí me parece que la negligencia y la ineficiencia de los gobiernos en América Latina nos han convertido en pueblos manipulables, vulnera­bles, ignorantes. Y que estamos pagando el precio en muchos ámbitos. Culturales, sociales, económicos, deportivos.

– ADS: En cuanto a las expre­siones clásicas del fútbol como Alemania, España, Países Bajos y el país donde estás, ¿qué momentos están teniendo y las proyecciones que tienen?

– Son estructuras diferentes porque los británicos mostra­ron y los ingleses, en especial, han mostrado cómo maximi­zar un producto como la Pre­mier League abriendo a los capitales extranjeros, incor­porando mercados asiáticos, de Estados Unidos, y realmente haciendo que la Premier Lea­gue sea la liga más vista y ven­dida. Eso se reditúa con mejo­res ingresos para los clubes. Acabamos de ver una final de Champions con dos clubes ingleses, un club inglés en la final de la UEFA League; por lo tanto, las estructuras son diferentes. En América Latina los clubes por ahí tienen una estructura social más amplia. Como en la Europa latina. Hay clubes que tienen en España, en Portugal, en Italia otros depor­tes, tienen pileta, sentido de pertenencia diferente, no todo está enfocado al éxito depor­tivo del fútbol. En Inglaterra o en Alemania no existe eso. Los clubes son clubes de fút­bol y no tienen una vida social, un trabajo social. Son socieda­des anónimas o privadas donde se responden a los accionistas y allá son asociaciones sin fines de lucro. Me parece que eso ha maximizado y potenciado y le va ganando terreno a lo que es el talento natural, al potrero, en este caso de América Latina, porque cada vez hay menos. Y nos han estudiado y hay cada vez más mucha más infor­mación. Me parece igual que Europa por ahí lo podemos dividir en Europa del norte y del sur. En Italia han sufrido también, y salvo la Juventus, los demás clubes italianos se han abierto al capital extran­jero, pero el fútbol italiano ya no domina como en los 90. Los alemanes han tomado un camino diferente, no dejando que entre capitales extran­jeros, y el precio lo terminan pagando a nivel clubes. A nivel selecciones ya se tiene una pre­paración física y una fortaleza física y una rigurosidad en el entrenamiento y un montón de presiones juveniles y me parece que eso abre una brecha.

– ADS: Naciste en un país ardorosamente futbolero para abrirte en un país donde también es como una secta religiosa para muchos. Sin embargo, ¿qué diferen­cias encontrás en la profe­sión del fútbol por parte de los aficionados?

– Veo mucho en común. Mucho sentido de pertenencia, mucha lealtad. En Inglaterra uno encuentra gente que hincha a clubes que están en tercera o cuarta división, y no de otro más, que puede estar en pri­mera. Es muy difícil decir por ejemplo cuál es el club más grande a nivel isla británica o cuál es el más grande de Lon­dres, porque hay varios fac­tores para juzgar esa gran­deza. Veo mucho en común en cuanto a la pasión por los deportes en general. Pero son diferentes mentalidades. En Argentina la situación es todo mucho más a pulmón, no? nadando contra la corriente siempre.

ADS: Si te digo África, ¿qué representa para el fútbol europeo actualmente?

– Es un continente mágico. Porque también viven con muy poco y muchos países están manejados por gobier­nos ineficientes. Los deportis­tas de ahí tienen una fortaleza física impresionante, donde todo se hace a pulmón. Tie­nen las limitaciones propias de economías tan golpeadas, pero tienen mucho de eso. He estado muchas veces por ahí y ellos se jactan de poder comer frutas, verduras, bañarse en el lago, cada tanto se come un cocodrilo a uno. Dicen que ven amaneceres, no se frustran por la play, por la televisión porque no tienen electricidad. Un con­tinente con gente muy noble.

– ADS: ¿Amigos paragua­yos te hiciste entre los fut­bolistas que estuvieron por Europa?

– Sí, varios pero a uno de los tipos que más quiero, admiro y respeto es Roque Santa Cruz, con quien sigo en contacto. También con Nelson Haedo, con Antolín Alcaraz, con Paulo da Silva. Han pasado por Europa, ahora con Fabián Balbuena, Miguel Almirón, con todos tengo una relación más que profesional. A todos les tengo mucho cariño, res­peto y mucho aprecio.

– ADS: ¿Siempre en el reparto y nunca en el mos­trador te vamos a encon­trar?

– Soy un buen soldado. No sé si soy un buen general. No sé. La verdad es que vengo de un deporte como es el rugby, en el que me enseñaron a ir para adelante, a tener disci­plina, a ser respetuoso con­migo mismo, con los compa­ñeros, con los referís, y eso lo aplico en la vida misma y no conozco otra manera de vivir. Por ahora puedo decir que tengo un buen balance en mi vida porque tengo 49 años y he logrado mucho más de lo que esperaba.­

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