El delantero albirrojo Jesús Medina es nuevo refuerzo del Spartak Moscú y genera mucha repercusión su operación de traspaso, que se concreta en 7 millones de euros por un contrato hasta junio de 2027.
El futbolista paraguayo deja el CSKA y despierta mucha atención entre las parcialidades de ambos clubes, son una rareza en sí mismas. El anterior tuvo lugar hace 30 años: en 1994, Valery Massalitin siguió este camino. En la temporada 2022/2023 de la Premier League rusa, Medina ha marcado 8 goles y 7 asistencias: solo Fedor Chalov (19+5) es mejor que él.
SALVA AL HOUSTON
El paraguayo Iván Franco selló el empate 2-2 entre el Houston Dynamo y el Sporting Kansas con un tanto en la última jugada del encuentro. El partido se disputó en el Shell Energy Stadium de la ciudad de Houston, Texas, por la fecha 22 correspondiente a la fase regular de la Conferencia Oeste de la Major League Soccer. Cuando parecía que era victoria del Kansas, Iván Franco apareció sobre 98′ para sellar el 2-2 definitivo.
Por su lado, Sebastián Ferreira ingresó a los 78′ en Houston en sustitución de Aliyu.
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Trump envía un emisario a Moscú para negociar la paz
- Washington, Estados Unidos. AFP.
Steve Witkoff, el enviado de confianza del presidente estadounidense, Donald Trump, para los temas internacionales más delicados, viajará a Moscú “esta semana”, anunció la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
“Instamos a Rusia a que acepte el proyecto” de alto el fuego de 30 días negociado por los estadounidenses con los ucranianos, añadió.
La portavoz también dijo que el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Mike Walz, habló con su homólogo ruso el miércoles.
El mandatario estadounidense afirmó ayer miércoles que “espera” que su homólogo ruso, Vladimir Putin, acepte la propuesta de tregua para poner fin a la guerra en Ucrania, aunque se mantuvo evasivo sobre la presión que podría ejercer si no lo hace.
Witkoff, que también desempeña un papel clave en las negociaciones en Oriente Medio, ya se reunió con Putin en febrero, cuando negoció la liberación de un estadounidense detenido en Rusia, Marc Fogel.
El magnate inmobiliario, que carece de experiencia diplomática, informó haber tenido una reunión con el presidente ruso de casi tres horas y media.
El martes, Trump también dijo que hablaría directamente con Putin, probablemente esta semana.
La intención es llegar a un acuerdo de alto el fuego de 30 días entre Rusia y Ucrania, para luego buscar una salida a la guerra entre estas dos naciones.
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Jesús calma la tempestad
- Por Pastor Emilio Agüero Esgaib
Esta historia la encontramos en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas.
El contexto cronológico nos cuenta que, antes de este milagro de aquietar el mar, Jesús primero sana a un leproso (Mt 8:1-4), sana al siervo del centurión (5-13), sana a la suegra de Pedro (14-17) y también nos relata que una multitud lo seguía, en especial un fariseo que le dijo: “Te seguiré donde quiera que vayas” (8:19).
Marcos recibió esta historia de manera directa del apóstol Pedro, que fue testigo presencial de ella.
Jesús venía de hacer tres milagros de sanidad. Cuando subió al arca con sus discípulos, había ya dicho que pasarían al otro lado, o sea, ya anunció que llegarían a donde tenían que llegar (Mr 4:35), ese no es un dato menor.
El mar de Galilea es un mar muy peculiar. Se le conoce también como “La niña caprichosa” porque pasaba de la calma al escándalo en un instante. Pueden soplar repentinamente, desde el desierto, vientos fuertes que hacen que el mar, en minutos, pase de una quietud total a olas de tres metros de altura. La vida es así, un momento es suficiente para cambiar toda nuestra historia.
Un mar tempestuoso (así como circunstancias difíciles de la vida) te convence de que él tiene el control, no vos. Estás en su territorio, sin ningún control de la situación. Las complejidades de los problemas de la vida también nos convencen de ello.
Podemos ver también que había tres “climas” en ese momento. Estaba el clima de la tormenta exterior que azotaba la barca, el clima de la tormenta dentro de la barca (me refiero al estado de ánimo de los discípulos) y el clima de calma total o sosiego en el cual se encontraba Jesús: en medio de esas dos tormentas, dormía.
La tormenta externa nos habla de las circunstancias, y esas circunstancias pueden producir una tormenta en nuestro interior, como los apóstoles, o mucha calma, como Jesús. Lo que veo es que las circunstancias no deberían, necesariamente, determinar nuestra condición interior.
Lo que aún no puedo terminar de entender es cómo Jesús podría haber conciliado el sueño en ese momento. Olas, movimiento, agua, gritos y ¡él dormía! Tal vez estaba realmente exhausto. O tal vez habla de su privilegiada salud, o de una confianza total en Dios (el Salmo 4:8 dice: “En paz me acostaré y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado” y en Proverbios 3:24 leemos: “Cuando te acuestes, no tendrás temor, sino que te acostarás y tu sueño será grato”). Jesús mismo dijo en Juan 14:27: “La Paz os dejo, mi paz os doy; y no os la doy como el mundo la da, no se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”.
Creo yo que el centro de la historia, y de donde podemos quitar el principio de la historia, está en Mateo 4:38: “¿No tiene cuidado de nosotros?”, en cuanto a la actitud y la visión humana, siempre reclamando, mirando solo lo que ven sus ojos físicos y en cuanto a la respuesta de Jesús: “¿Por qué teméis, hombres de poca fe?”. La falta de fe nos impide ver lo verdaderamente real; la falta de fe nos mantiene insatisfechos, temerosos, inseguros. La falta de fe hace que solo reclamemos; la falta de fe solo obedece a lo natural y a las circunstancias; la falta de fe es carnalidad, oídos espirituales sordos (no escucharon que Jesús, que hizo frente a sus ojos tres milagros poderosos, les dijo que irían a la otra costa).
Jesús estaba en la barca físicamente. La falta de fe no solo nos quita la capacidad de oír al maestro, sino que tampoco nos deja verlo. Él estaba ahí, pero su miedo les impedía siquiera pensar y creer que con Cristo dentro de la barca el viaje era seguro, sin importar todo lo que estuviera pasando allá afuera.
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“Jesús dijo a Simón: “Remad mar adentro, y echad las redes para pescar” Lc 5, 4-6
- Por el Hno. Mariosvaldo Florentino
- Capuchino.
Jesús en este evangelio participa en un momento muy especial de la vida de aquellos pobres pescadores. Ellos habían trabajado la noche toda y no habían pescado nada. Seguramente estaban cansados, tristes, frustrados y preocupados. ¡Toda una noche de fatiga! ¡Tanto esfuerzo en vano! Y para ellos la pesca no era un hobby, sino que era su fuente de vida. Cuando ellos ya estaban lavando las redes para después ir a sus casas con las manos vacías, Jesús les hace una propuesta: “Remad mar adentro, y echad las redes para pescar”.
De lo que podemos comprender a partir del texto, durante el día no era el tiempo propicio para la pesca. Ellos lo hacían siempre por la noche. Por eso, la indicación de Jesús parecía por lo menos una propuesta muy extraña. Y después ¿qué es lo que él podría entender de pesca? Ya que era un sencillo carpintero y para más de Nazaret, una ciudad lejana del mar.
Sin embargo, ellos ya habían escuchado sus palabras. De hecho, Jesús había predicado a toda la gente allí al borde del mar, sentado en la barca. Y como sabemos: la fe nace de la predicación.
Simón aún no conocía a Jesús, pero mientras lavaba las redes lo había escuchado. Seguramente en su corazón ya advertía que Jesús era mucho más que un solo carpintero, aunque él no había hecho ninguna señal milagrosa. Simón tenía ya algo que lo movía a hacer caso a Jesús. No eran los milagros, sino la fuerza de su palabra. Por eso, aunque expresa la contrariedad, acepta obedecer. “Maestro, hemos trabajado toda la noche sin pescar nada, pero, por tu palabra echaré las redes”.
Es interesante guardar los detalles: ellos están cansados y frustrados, trabajaron la noche toda y Jesús aún les pide para remar mar adentro. Pide para llevar la barca a la parte más profunda. Todos podemos comprender que después de la fatiga de la noche, de nuevo remar mar a dentro, es algo muy exigente. Y una vez llegados allá, deberían echar las redes, que ellos ya habían lavado. Es sin dudas un gran riesgo cumplir lo que Jesús les está pidiendo. Pueden de nuevo perder el viaje, y aun ensuciar nuevamente las redes. De hecho, escuchar a Jesús implica siempre un riesgo en nuestra vida.
Por otro lado, alguien podría preguntar ¿por qué Jesús no ordenó a los peces que vinieran allí cerca de la barca? Pues ya que estaba dispuesto a hacer un milagro, podría hacerlo así. La respuesta es simple: porque a toda donación de Dios corresponde un esfuerzo del hombre. Lo que Dios nos ofrece es siempre gracia y a la vez conquista. El Señor está dispuesto a hacer el milagro, pero los hombres deben estar dispuestos a remar hasta las aguas profundas y allí echar las redes. El milagro cristiano sucede cuando la gracia de Dios encuentra el hombre disponible a colocar su esfuerzo.
Extraño este modo de actuar de Dios. En la frustración, en el cansancio y en la tristeza, él pide que envés de huir del mar, de abandonarlo, que remen mar adentro, que vayan a la profundidad, pues es allí que él quiere manifestar su providencia, su presencia y su gracia. Tal vez sea por eso que tantas veces sentimos poco la presencia de Dios en nuestras vidas: pues en la crisis, en la dificultad, en la experiencia frustrante, queremos de pronto abandonar todo. Con mucha facilidad nos damos por vencidos. Sin embargo, Dios nos invita a remar mar adentro, a ir hacia lo profundo.
Ciertamente, si somos capaces de hacerlo, si somos capaces de correr este riesgo, si de hecho confiamos en su palabra, entonces daremos las condiciones para la intervención milagrosa de Dios. Él nos dará mucho más de lo que originalmente estamos esperando. “Así lo hicieron, y pescaron tantos peces que las redes estaban por romperse”.
El Señor te bendiga y te guarde,
el Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.
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“Ningún profeta es bien recibido en su patria”
- Por el Hno. Mariosvaldo Florentino
- Capuchino
Jesús estaba predicando en la sinagoga de su pueblo, donde las personas le conocían, donde estaban ciertamente sus parientes, sus vecinos, su amiga, sus compañeros ... y allí él percibió que, aunque había una cierta admiración hacia él, al mismo tiempo había una fuerte desconfianza. Aquellos que siempre lo vieron desde pequeñito no eran capaces de creer que él era el Mesías, enviado por Dios.
Este es un hecho muy real y común en nuestras vidas: no damos mucho valor a quienes tenemos muy cerca. “Ningún profeta es bien recibido en su patria”.
Por ejemplo, preferimos dar más valor a lo que dicen los extraños, de que a lo que dicen nuestros padres o personas cercanas. Creemos que son mejores las cosas importadas, y dejamos de lado lo que es hecho por nuestra gente. Valorizamos los talentos de los desconocidos, elogiamos su voz, reconocemos su inteligencia, su competencia, pero los talentos de las personas que están a nuestro alrededor muchas veces ni nos damos cuenta que existen.
¿Quién de nosotros ya no se sintió dejado de lado exactamente por aquellos que deberían ser los más cercanos? Pero ciertamente también todos nosotros ya hicimos la misma cosa con los demás. El problema es que cuando somos nosotros que despreciamos nuestros cercanos, ni nos damos cuenta; sin embargo, cuando sufrimos la indiferencia o el menosprecio de parte de ellos, entonces nos duele muchísimo, y nos creemos la gran víctima de la historia.
Tengo la impresión que, a la raíz de este problema, está nuestro egoísmo y nuestra inseguridad. Por lo general, las personas que nos son cercanas son percibidas por nosotros como una especie de amenaza, pues vivimos en una constante “secreta” competición. En el ambiente familiar, por ejemplo, los hijos buscan siempre conquistar su propio espacio, y por eso contradicen a los padres, y se rebelan... los padres quieren hacer valer su autoridad ciegamente pues, a veces, se sienten amenazados por los hijos que van creciendo, que se instruyen y en algunas cosas llegan a superarlos. Entre los esposos existe una cierta disputa para ver quién decide, quién paga, quién es el más amado, quién es el más importante. Entre los hermanos desde muy pequeñitos, con los celos, se empieza a disputar la atención, el cariño y cada uno intenta de todos los modos ser el predilecto. Lo mismo entre los compañeros de escuela, de trabajo, de asociación deportiva, del grupo de la iglesia y hasta entre amigos.
Esto se manifiesta, por ejemplo, en la facilidad que tenemos en reconocer los errores de los demás. Pueden hacer 100 cosas muy buenas, que ni nos damos cuenta, pero una que le salga mal ya nos salta a los ojos y hasta parece que nos hace bien decirlo, y parece que nos consuela y conforta el criticar los equívocos ajenos. Hacer un elogio a una persona con quien convivimos exige un alto grado de humildad y mucha madurez, pues significa colocar a la luz la capacidad del otro. Evitar de hacer una crítica exige también, una gran humildad y madurez, pues en general nuestra crítica no quiere tanto ayudar el otro a mejorar, sino que solamente puntualizar su equívoco. Queremos, en general, ensuciar la imagen de quien criticamos, pensando que así nosotros pareceremos mejores.
Tal vez hasta podamos pensar que esta competencia, aunque a veces muy sutil, sea un hecho verificable en todas las relaciones humanas cuando compartimos un espacio común. Hasta mismo, entre los discípulos de Jesús, hubo estos conflictos (Mc. 10, 35-41). Tener conciencia de esto nos ayuda, por un lado, a perdonar con mayor facilidad cuando lo sufrimos, y por otro, intentar frenarnos cuando nuestras críticas o nuestro desprecio nacen del miedo de reconocer en el otro, alguien que me supera en algo.
Para todos nosotros es mucho más fácil reconocer el bien, los valores, los talentos... en aquellos que están lejos de nosotros y no nos constituyen una amenaza. Aceptar un consejo, reconocer la razón, atender a las indicaciones, hacer un elogio a alguien con quien comparto la vida cotidiana es un gesto que exige adueñarse de sí mismo, y superar al menos en algún sentido, la tal competencia, para hacer crecer el espíritu de fraternidad.
Algo semejante sucedió con Jesús, después de proclamar su misión en su pueblo, la gente al principio estaba admirada, pero luego empezaron las críticas, las desconfianzas, el decir: “a este yo le conozco desde pequeñito ¿qué es lo que ahora nos quiere enseñar?” Y querían matar a Jesús, querían paralizarlo. Querían impedirlo de continuar su camino de crecimiento. Con todo, Jesús no se dejó vencer; al contrario, “pasando en medio de ellos, siguió su camino.”
También nosotros debemos aprender con Jesús cómo comportarnos delante de aquellos que nos quieren hacer el mal. Delante de aquellos que, con sus críticas o calumnias, movidos por los celos, la envidia, o la inseguridad, nos quieren llevar al barranco del desánimo, del odio, de la frustración para destrozarnos, debemos con serenidad y comprensión, perdonar y pasando entre ellos, seguir adelante como hizo Jesús. Y, sobre todo, evitar hacer lo mismo con los demás. Debemos estar siempre atentos, pues muchas veces, somos nosotros quienes buscamos conducir a nuestros hermanos, amigos y colegas... al barranco de la destrucción, a veces hasta disfrazados de quien quiere solo el bien.
El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la paz.