Simples ingredientes de cocina como las hojas de laurel y la sal pueden convertirse en una excelente alternativa para prevenir alergias y espantar insectos. La combinación de ambos ingredientes en un remedio casero, que funciona como humidificador, aporta numerosos beneficios a la salud y es ideal para combatir la humedad y la presencia de insectos.
Con los constantes cambios climáticos, las casas pueden acumular mucho calor y humedad. En medio de este ambiente, se pueden generar malestares y otros problemas de salud, principalmente de origen alérgico y respiratorio. Este además es un espacio propicio para atraer moscas, mosquitos, cucarachas y otros insectos.
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Para quienes no cuentan con equipos especiales como humidificadores para limpiar el ambiente, existen remedios caseros muy económicos a partir de dos ingredientes que se tienen en la cocina: hojas de laurel y sal. Según importantes estudios, las hojas de laurel contienen compuestos volátiles como el eugenol, que emiten un olor distintivo y ayudan a la limpieza e higiene de los espacios, ahuyentando gérmenes e insectos.
Cómo preparar el remedio casero
Para crear este dispositivo casero, según se difundió en la prensa internacional, solo se necesitan estos ingredientes: un puñado de hojas de laurel y sal gruesa, además de una cacerola con agua entre los utensilios. En ese recipiente se deberá hervir el laurel y dejarlo en estado de ebullición por al menos cinco minutos. Transcurrido este tiempo, se debe retirar el preparado del fuego y agregarle dos cucharadas de sal gruesa.
Una vez que se enfríe esta infusión, se debe colocarla en frascos pequeños de cristal y poner estos recipientes en rincones del hogar donde se acumule la humedad con el propósito de limpiar el ambiente.
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Té de lechuga: un aliado natural contra el insomnio
Aunque resulte difícil imaginar la utilización de la lechuga fuera de alguna ensalada, en una versión poco conocida, este vegetal también se puede aprovechar en infusiones como remedio casero para tratar malestares y dolencias debido a su riqueza en vitaminas y sus propiedades antioxidantes.
Entre las cualidades de la lechuga se destacan su aporte de fibras y antioxidantes. El vegetal contribuye así a la salud intestinal, la pérdida de peso y la regulación del azúcar en la sangre, según importantes estudios médicos.
Entre las vitaminas presentes en la lechuga se destacan la A, C y E, tres antioxidantes indicados para cuidar la piel y la vista. También es rica en ácido fólico, imprescindible en los primeros meses de embarazo y contiene minerales como el potasio, el calcio y el hierro. Al igual que muchos otros alimentos, el vegetal también sirve como ingrediente para infusiones caseras.
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En forma de té, tras hervir por al menos 5 minutos, el vegetal puede desplegar su efecto sedante al sistema nervioso, una característica ideal para quienes tienen dificultades para dormir, ya que combate el insomnio y es un gran aliado para conciliar el sueño. En este caso, lo ideal es preparar la infusión por la noche, media hora antes de irse a dormir.
De acuerdo con un estudio publicado por la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, que fue replicado por medios internacionales, los altos niveles de una sustancia amarga llamada “lactucina” en la lechuga ayudan a alcanzar un estado de tranquilidad para la inducción al sueño.
El vegetal está compuesto igualmente de agentes denominados “fenólicos”, un grupo de antioxidantes naturales que puede aliviar el estrés.
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¿Cómo afecta principalmente el consumo de sal a la salud del organismo?
Comúnmente utilizada para realzar el sabor de los alimentos, la sal puede ser la causa de numerosas enfermedades, aunque sus efectos pasen desapercibidos. Su consumo está asociado al aumento de la presión arterial y a un mayor riesgo de sufrir ataques cardiacos y diferentes formas de cáncer: conocé cómo afecta este ingrediente a la salud del organismo.
El consumo de sal tiene una connotación negativa principalmente por el papel del sodio en la presión arterial y las enfermedades cardíacas: este compuesto regula la cantidad de agua dentro de los vasos sanguíneos. Según estudios médicos, cuanto más sodio hay en la sangre, más agua atrae hacia los vasos sanguíneos. Así se eleva la presión arterial y también el riesgo de sufrir un ataque cardíaco y un accidente cerebrovascular.
Además de la presión arterial, el sodio de la sal está relacionado con otras consecuencias negativas para la salud como, por ejemplo, los trastornos metabólicos, los niveles elevados de azúcar en sangre, la enfermedad del hígado graso y aumento de peso. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, se debería consumir menos de 2.000 miligramos de sodio al día.
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No obstante, con la ingesta excesiva de sal, el consumo de sodio se dispara por encima de los niveles que el intestino puede tolerar. Para empezar a limitar el consumo, se pueden evitar los alimentos altamente procesados como las golosinas saladas (galletitas y papas fritas) y otros refrigerios salados (condimentos).
En su lugar, se puede optar por alimentos bajos en sodio y azúcar añadidos como las frutas y verduras. Más allá de las recomendaciones, siempre es importante acudir a un profesional de la nutrición para diseñar la dieta baja en sodio que mejor se adapte a las necesidades y requerimientos profesionales.
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Los cristianos están obligados a ser “sal y luz de este mundo”
Quienes profesan la confesión cristiana están obligados a transformarse en sal y luz de este mundo. La Palabra de Dios no admite acepciones por categorías jerárquicas o clases sociales. No existe un destinatario exclusivo de este mensaje. Ninguno puede escudarse en una posición de privilegio para evadir este mandamiento de Jesús que nos llega a través de Mateo (5:13-16). Los creyentes que practican su fe no deben limitar su campo a la prédica, sino que tienen que ser protagonistas del cambio. Y la mejor manera de enseñar –es bien sabido– es con el ejemplo. Desde los tiempos del Mesías hemos aprendido que estamos rodeados de personas que han demostrado mayor solidaridad con el semejante (como el buen samaritano) que aquellos que todos los días proclaman “Señor, Señor” en los labios, pero sin ofrendar testimonio de vida. A estos últimos se los clasifica con la denominación de una antigua secta: los fariseos. Tampoco hay que confundir el simple activismo dentro de la Iglesia con el verdadero fundamento de la evangelización. Es decir, una auténtica conversión que contribuya a tener una sociedad cada vez más humana, justa, digna y fraterna. Conversos, reiteramos, a Cristo, y no a la causa de un grupo o alguien en particular. La cita de Efesios 4:1 es inapelable: “Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros”. Sin necesidad de hábitos, todos podemos ser pastores del prójimo. “Si no hablas para advertir al impío de su mal camino a fin de que viva, ese impío morirá por su iniquidad, pero yo demandaré su sangre de tu mano” (Ezequiel 3:18). Como está escrito, no se trata únicamente de evitar el mal como un espectador indiferente, sino de alertar al otro de no hacerlo.
¿Qué implica ser sal de este mundo? Las referencias bíblicas nos indican que era un condimento muy apreciado en aquella época, no solamente porque daba sabor a los alimentos, puesto que también se los utilizaba para conservarlos, especialmente los pescados. En términos figurados, evitaba la descomposición de la carne, su putrefacción, esto es: la corrupción de las sanas costumbres. Pero si la sal no era pura, “ya no sirve para nada, así que se la tira en la calle y la gente la pisotea” (Mateo 5:13). ¿Dónde queda la misión del cristiano cuando no combate la corrupción porque “la sal dejó de ser salada”? Y esta observación –o llamada de atención– no solo se circunscribe a las autoridades. Al contrario, está dirigida a todos los que profesan la misma fe, sin excepciones. Porque, como la propia Iglesia católica paraguaya denunciaba en sucesivas cartas pastorales, la corrupción en nuestro país es pública y privada (El saneamiento moral de la nación, 1979). El avance de la tecnología de la información y la comunicación permitió corroborar con pruebas lo que desde hace años se venía sospechando: que estábamos ante un fenómeno que ha carcomido todas las capas sociales y las estructuras institucionales, incluyendo las religiosas. Pero esta situación no debe constituir un pretexto para desautorizar o ignorar el mensaje de los líderes genuinos (que combinan la palabra con la acción) para combatir a este enemigo irreconciliable con la democracia y la ética: la corrupción.
Siguiendo con el evangelio de Mateo, luz del mundo conlleva implícito el deber de alumbrar el camino del conocimiento para superar la oscuridad de la ignorancia. Y esa responsabilidad del cristiano debe asumirse públicamente para que sea efectiva. “Procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo” (5:16). Recluirse en los templos para esquivar la contaminación de los infectados por los vicios e inmoralidades mundanas, definitivamente, no es una opción. Es al revés: hay que involucrarse en todas las actividades humanas, especialmente la política como quehacer colectivo, para ser “sal y luz” entre los demás. Así también lo entendió el obispo de Caacupé, Ricardo Valenzuela, en su “Carta al pueblo”, exhortando a los laicos a que “asuman su compromiso bautismal de ser verdaderos protagonistas en los diversos ámbitos de la sociedad. ¡No teman ser testigos del evangelio de Cristo!, ante todo, en el seno de sus familias y hogares; y cada vez con mayor empeño ser portadores de la Palabra de Dios en las universidades, en todas las instituciones civiles, administrativas, judiciales, legislativas, militares y policiales, en sus puestos laborales, en las calles y en el trajín cotidiano (…) Anímense a derribar las barreras que oprimen a nuestro pueblo. ¡Busquen los modos más eficaces para combatir la irritante pobreza extrema, la corrupción y la impunidad!”. Tres palabras clave en las que el Poder Ejecutivo tiene responsabilidad administrativa y de denuncia ante el Ministerio Público; en tanto el Poder Judicial, la de castigar implacablemente a los responsables.
Es bueno aclarar que la sociedad en general no está exenta de este desafío. Porque los efectos de la corrupción, reiteramos, han inficionado todos los espectros de nuestro pueblo. Y es ahí donde estamos fallando en ser “sal y luz de este mundo”. La fe no puede reducirse a una exaltación esporádica y emocional. Es “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Esa, y no otra, es la verdadera fe. Es la que debemos evidenciar en nuestra vida cotidiana. Y no solamente una vez al año.
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Esta es la máxima cantidad de sal que se puede consumir diariamente
El exceso de sal puede generar diversas consecuencias en la salud del organismo, principalmente en el sistema cardiovascular, por lo que es fundamental reducir su consumo. Lejos de la creencia popular, solo una mínima cantidad de este ingrediente se debe consumir diariamente. Sepa cuál es el “límite saludable”.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el nivel máximo recomendado de consumo diario de sal debe ser inferior a cinco gramos, que equivale a una cucharita de sal yodada por persona. La principal recomendación gira en torno a reemplazar la sal en las comidas utilizando especias como ajo, orégano, laurel, romero y limón para aportar sabor.
El consumo excesivo de sal puede desembocar en enfermedades cardiovasculares, que son una de las principales causas de muerte en los mayores de 60 años. De acuerdo con la OMS, el 62% de todos los accidentes cerebro vasculares (ACV) son atribuibles a la hipertensión arterial.
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Además de limitar el consumo de sal, también se debe disminuir la ingesta de carnes ahumadas, embutidos, cereales en caja, productos envasados y enlatados, que contienen un alto porcentaje de este ingrediente. Se insta, en su lugar, a optar por comer alimentos frescos debido a que tienen menor contenido de sal, que los alimentos procesados.
A la hora de optar por productos envasados, es indispensable leer el etiquetado nutricional de estos artículos y elegir aquellos con menor contenido en sal o sodio. Más allá de limitar el consumo de sal, también es fundamental adoptar hábitos saludables como la buena hidratación y la realización de ejercicios físicos.
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