La famosa reforma laboral de la que se habla y está en discusión es un tema de gran importancia, porque afecta a millones de per­sonas que prestan su esfuerzo para produ­cir, realizar servicios y mover la economía. Por ello no se la puede dejar de considerar en los términos civilizados de una discu­sión sensata en que prevalezca el interés de las personas por encima de cualquier otra medida.

Teniendo en cuenta las normas vigentes y la situación de gran parte de los trabajado­res que están en la ilegalidad y en la preca­riedad económica no se puede desconocer la necesidad, y hasta la urgencia, de arre­glar muchas cosas en ese campo. No solo en materia legal sino en cuanto a las prácticas patronales y laborales existentes.

En ese sentido, hablar y hacer las modifi­caciones y reformas necesarias constitu­yen una sentida necesidad. Rehuir el tema y no encarar el problema por los motivos más diversos que se puedan aducir, como hacen algunos sindicalistas, es un grave error. Porque no se pueden desconocer los grandes problemas existentes. Con su pos­tura negativa muchos demuestran que no les interesa la solución de las situaciones adversas que existen y que golpean a miles de personas del sector obrero.

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La transformación de la situación de los tra­bajadores del país no es una cuestión opta­tiva, que se puede o no abordar de acuerdo al humor o la postura ideológica de cada sector social. Es una necesidad. Y debido a eso es que el Gobierno nacional ha puesto entre los puntos principales de su agenda el estudio de la situación de los trabajadores a través de las modificaciones que sean necesarias en las normas laborales.

En los debates que se hagan se escucharán las más diversas opiniones y posturas. No hace falta estar de acuerdo con todas ellas. Pero sí es necesario tener en cuenta las ver­dades y propuestas válidas que contengan muchas de esas posiciones. Nadie es dueño absoluto de la verdad, ni entre los traba­jadores ni entre los patrones, lo que hace necesario escuchar a todos ellos con equi­librio para que se puedan ir tomando las decisiones más sensatas y necesarias con la colaboración del Gobierno nacional. Lo que no se puede admitir es desconocer la reali­dad y quedarse sin hacer nada, como están queriendo hacer algunos sectores sindica­les que no admiten la propuesta de las auto­ridades nacionales.

Sobre la importancia y la necesidad de ese diálogo intersectorial estuvieron hablando en el programa “Fuego cruzado” de GEN/Nación Media, el presidente de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), Enrique Duarte y el sindicalista Julio López, repre­sentante de la Confederación de la Clase Trabajadora. El empresario dijo que el debate debe darse con mucha seriedad den­tro de un consenso general. “Deben primar las posiciones no mezquinas, donde debe­mos estar dispuestos a hablar con mucha apertura y hacer concesiones, corregir este problema que nos afecta, no debe haber vencedores ni vencidos”, resaltó Duarte. El representante sindical afirmó que el diálogo entre sectores es importante, por­que existen muchos problemas que enca­rar para buscar las soluciones a problemas como el alto desempleo, la informalidad, la seguridad social, la salud del trabajador.

Los sectores sindicales que se negaron a formar parte de la mesa de diálogo pro­puesta por el Gobierno deben reconsiderar su decisión. No hace falta estar de acuerdo en muchos temas, pero sí todos deben estar de acuerdo en que se debe mejorar cualita­tivamente la situación del trabajador para­guayo. Y para eso solo conversando civili­zadamente, exponiendo los puntos de vista de cada sector, proponiendo las correccio­nes necesarias, encarando nuevas determi­naciones se podrá llegar a acuerdos básicos.

Las autoridades nacionales, conscien­tes de su vital papel en este asunto, no se han amilanado por la oposición al diálogo expuesta por algunas corrientes sindica­les. Continúan firmes en el plan de realizar las modificaciones que sean necesarias a las normas laborales para ir mejorando las condiciones de trabajo de miles de trabaja­dores. Por lo que se ve como una necesidad que participen de los estudios que se rea­lizarán los más diversos sectores políticos e ideológicos para concretar disposiciones legales que garanticen el cumplimiento efectivo de los derechos de los asalariados para que vivan en óptimas condiciones. La mejor manera de ayudar a los trabajadores es ajustar las leyes para protegerlos como personas dignas.

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