Tan trágica como la muerte de los tres jóvenes militares en una emboscada del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) es la deshumanización de amplios sectores sociales, políticos y culturales, incluyendo varios medios de comunicación, ante este nuevo atentado contra la vida y la propia civilización. La barbarie nunca podrá ser el camino para avanzar hacia un país con justicia y bienestar colectivo, sin grandes privilegios ni mayorías excluidas.

Pareciera que la brutalidad criminal se ha normalizado entre nosotros. Como si los referentes de opinión se hubieran inoculado contra la indignación y el asombro cuando se trata de los ataques de esta banda de forajidos. Entonces, cualquier pretexto es suficiente para minimizar estos cobardes ataques perpetrados desde la clandestinidad terrorista. Esta vez no fue la excepción. La indiferencia, o una reacción tibia, casi por protocolo, puede resultar tan criminal como el mismo EPP.El sabotaje a la página de consultas de la Asociación Nacional Republicana (ANR), en que el padrón de afiliados colorados fue sustituido por el padrón nacional, levantó una oleada de indignados que cubrió la tragedia que de nuevo tuvo al EPP como su brazo ejecutor.

Es comprensible que las personas con poco conocimiento de la tecnología se muestren enfadadas por esta situación. Pero los expertos saben perfectamente que lo ocurrido en nada le beneficia al partido oficialista. Quienes así lo sostienen rayan la mala fe. Porque es un proceso que puede subsanarse sin mayores inconvenientes, y así se hizo, considerando que el Tribunal Electoral de dicha organización política tiene una base de datos que no fue alterada.

No deja tampoco de llamar la atención que “casualmente” empezaran a navegar en la página web de la ANR para descubrir lo que después se denunció. La simple deducción lógica nos muestra que nadie en uso de razón incorporaría a dicho padrón a los referentes más visibles del Partido Liberal Radical Auténtico. Pero fue un hecho muy conveniente, repetimos, para desviar la atención de lo que debió merecer el más enérgico repudio de toda la ciudadanía.

En el Congreso de la Nación, especialmente en la Cámara de Senadores, hay parlamentarios que proyectan la impresión de observar con simpatía al Ejército del Pueblo Paraguayo y a sus otros desprendimientos, como la Agrupación Campesina Armada y la denominada Brigada Indígena. No lo dicen abiertamente, pero el silencio ante sus atrocidades nos induce a esa afirmación. Sobre todo, cuando no existe una vehemente condena contra estos actos criminales y solo se plantea la necesidad de hacer desaparecer a la Fuerza de Tarea Conjunta “por costosa e improductiva”. Mientras, algunos miembros de la Cámara de Diputados argumentan que la FTC debería contar con mayores presupuestos con el fin de evitar más “secuestros y asesinatos”. Es importante dotar de los recursos requeridos a los militares que están en el Norte, pero estos recursos deben ir acompañados de una estrategia diferente a la de ahora para que esta lucha en particular sea realmente eficaz. Lo que definitivamente no puede hacerse es liberar la zona dejándola al arbitrio de estos criminales.

La génesis de este grupo data de 1992, conforme lo demuestran las declaraciones testimoniales de algunos de sus ex integrantes y recogidas en artículos y libros por varios investigadores. Nació como brazo armado del Partido Patria Libre, liderado en ese entonces por Juan Arrom, hoy prófugo de la justicia paraguaya. Luego, en el 2008, asumió el nombre de Ejército del Pueblo Paraguayo.

Aunque ciertos analistas aseguran que el combate a este grupo también sirve como pretexto para “criminalizar las luchas campesinas”, lo cierto y concreto es que hoy mismo tienen en cautiverio a tres personas (entre ellas a un ex vicepresidente de la República) sin que sus familiares tengan información cierta sobre las condiciones en que se encuentran.

Creemos que es hora de recurrir al aporte de la tecnología que puedan proporcionarnos algunos países aliados, de significativo desarrollo en este campo. La transferencia de conocimientos y experiencias de expertos de otras naciones es valorable, pero no es suficiente sin los equipos exigidos para poner en práctica lo que pudo haberse aprendido en la teoría. Hay que empezar a mirar de frente este drama que tiene en zozobra a miles de familias. Por la saña con que actúan los miembros del EPP, incluso, en contra de sus propios parientes. No podemos seguir improvisando y poniendo en riesgo la vida de los militares. Tampoco pueden, ya lo dijimos, abandonar la zona para convertirla en tierra de nadie.

Nuestro enfoque inicial tendría que llamarnos la atención como sociedad. Fundamentalmente a los formadores y replicadores de opiniones. Pareciera que la indiferencia nos está ganando. Que se está muriendo el humanismo que debiera ser la principal nutriente de nuestra cultura. Se están priorizando temas que son importantes, sin duda alguna, pero que nunca podrán estar por encima de la vida humana. Es tiempo de replantear nuestros valores.

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