Un joven dio la nota en la semana. Por inspiración de su madre empezó preparando una treintena de platos para familiares de enfermos en un hospital. Semanas después, su organización pro­duce 3 mil platos por día. La solidaridad es un hecho humano que surge en los momentos críticos, pintando la calidad de persona que lo protagoniza.

Pero también en estos tiempos la ausencia de solidaridad se observa con nitidez, fun­damentalmente en la ausencia de compro­miso social, la falta de empatía y la renuen­cia a compartir.

El papa Francisco produjo la semana pasada un mensaje vibrante en coinciden­cia con las Pascuas de Resurrección. Su orientación era interpelar a las naciones ricas a compartir la vacuna con los países pobres. Puede verse como un hecho pun­tual, cuasi operativo sanitario, pero es mucho más que eso: es una exhortación al despertar de una nueva conciencia que la humanidad necesita para que el equilibrio entre la carencia y la abundancia sea un poco más razonable.

Lleva a recordar también que los albo­res del nacimiento de esta pandemia, en la China continental, han sido vinculados con la ausencia de control de parámetros mínimos de conciencia ambiental, que ter­mina poniendo a la naturaleza enfrentada a la salud de los seres humanos en tanto ella tendría que ser un santuario de buena salud.

Necesitamos activar la solidaridad. Debe­mos despertar en la solidaridad. Dia­riamente en los medios se leen consi­deraciones y eficientes análisis sobre la macroeconomía y las finanzas públicas, pero muy rara vez analizamos lo que será el remanente de esta enorme crisis en la economía de las familias afectadas que debieron recurrir a la salud pública o pri­vada. Muchas de ellas quedarán colgadas de deudas de desproporcionada magnitud para su economía particular.

Necesitamos de mucha creatividad para generar oportunidades y debemos ser muy creativos para que se generen oportuni­dades de empleo en el futuro inmediato. Mucha gente necesitará incorporarse al sis­tema laboral para que se sostenga un pro­ceso de recuperación que sea equitativo.

Podemos tener esperanza en la creciente incorporación de un nuevo pensamiento que sea consciente al respecto de un país que se levanta con el trabajo de todos. Al mismo tiempo, es una ocasión para recor­dar de nuevo la vitalidad de honrar la opor­tunidad del trabajo, en estas épocas críti­cas con más énfasis y razón.

Hay materias pendientes que deben ser resueltas; una de ellas es la situación de las familias que están recurriendo a la Justicia para reclamar facturas de pago imposible en el sistema privado. Al mismo tiempo, el sistema privado de salud debe sostener su servicio, que es fundamental en este momento de inmensas carencias en el sector público. Cómo avanzar con un círculo provechoso y no vicioso, que forta­lezca las diferentes posiciones, es la clave en esta coyuntura. Es muy difícil confiar en una buena idea del Gobierno; por lo tanto, debe surgir de la civilidad un aba­nico de planteos, acciones sociales solida­rias, proyectos y todo lo que este momento requiere en materia de pensamiento.

En el curso de esta semana no faltó el recurso populista de plantear el aumento impositivo como recurso en el Congreso, lo cual lleva a una razonable pregunta: ¿hasta cuándo se plantearán aumentos impositivos sin una necesaria autocrítica sobre la desastrosa capacidad del Estado para administrar los recursos públicos? En realidad, lo que se necesita no son más impuestos, sino más honestidad.

Esperemos que el joven de los 3 mil platos de comida y sus amigos sigan siendo el gran ejemplo de lo que se puede hacer aportando buena voluntad y talento como argamasa de la solidaridad. Y, por sobre todo, espere­mos que, aparte de aplaudirlo, muchos asu­man que también pueden hacerlo.

Ha transcurrido un año desde el inicio de la pandemia. Eso hace que sea cada vez menos sostenible la imprecisión y cada vez menos tolerables las respuestas tales como “fuimos rebasados” por parte del Estado y, particularmente, el Gobierno.

Es de esperar que el proceso de vacu­nación, que aún es irremediablemente escaso, siga desarrollándose sin cuestiona­mientos para evitar que nuevos desencan­tos se sumen. Mientras tanto, admiración a la ciudadanía que demuestra su solidari­dad cuando debe hacerlo.

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