- Por el Pastor Emilio Agüero Esgaib
“Nehemías es un ejemplo admirable del liderazgo eficaz de un hombre espiritual. Tuvo una visión para lograr una meta. Después de analizar los problemas, decidió tomar las medidas apropiadas. Motivo a otros y compartió su visión y les integró activamente en ellas. Delega autoridad y asigna tareas. Supervisa la obra hasta que el proyecto sea ejecutado y terminado” W. Mc Donald.
Nehemías presenta cualidades fundamentales para que Dios le use como un líder de restauración. El nombre de Nehemías significa “Jehová a dado consuelo”.
En el capítulo 2:11 del libro de Nehemías vemos ya un principio fundamental para guardarnos de la oposición en lo que emprendemos. Muchas veces, entusiasmados con nuestros proyectos, contamos a todo el mundo lo que queremos hacer y las cosas que estamos logrando para llegar a la meta pero esto no siempre es bueno.
El principio de la prudencia. Nehemías fue prudente al llegar a Jerusalén ya que sabía que habría oposición, como finalmente pasó, y fue durante la noche a mirar el trabajo que tenía por delante, o sea, sin llamar la atención, sin hacer alarde, sin jactancia, fue enfocado en lo que tenía que hacer.
Jesús también actuó así en varias etapas de su ministerio. Él decía a muchos que sanaba que no contaran a nadie lo que había pasado (Lucas 5:14). Bien dice Eclesiastés que hay un tiempo para callar y otra para hablar (3:7). José cometió el error de contar su sueño a gente equivocada, a sus hermanos llenos de envidia, y esta gente lo vendió como esclavo. Cuidado a quien cuentas tus sueños, cuidado a quien abres tu corazón, cuidado lo que vas a exponer delante de otros, se pueden volver armas en tu contra.
En los versos 2:17-18 vemos como una vez que evalúo la situación se puso manos a la obra para motivar a otros a llevar a cabo esa obra. Les contó que su motivación era hacer la obra de Dios, luego como Dios le dio gracia ante el Rey y no quedaba más que manos a la obra: “levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para el bien”. No duden que dedicarse a la obra de Cristo es hacer el bien, todo aquel que es parte de la obra de Dios está haciendo el bien. El mensaje de la Cruz es el mensaje más importante de la historia de la humanidad y es el único mensaje que salva. Eso dice la Biblia.
En el verso 19 aparece lo que yo le llamo “la distracción”. Aparecen tres personajes, Sambalat horonita, el amonita Tobías y Gesem el árabe que usaron artimañas muy comunes pero efectivas: el descrédito, la burla y el desprecio. Estas tres cosas no tenían la función de atacar o dañar el cuerpo de Nehemías (ya que no podían matarlo porque tenía el aval del Rey) pero si su espíritu y sus emociones. La respuesta ante estos dardos fue la fe y la convicción de Nehemías en cuanto lo que Dios le llamó a hacer.
La fe es fundamental, ya el apóstol Pablo dice en Efesios 6:16 “sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno”. Esos dardos de fuego no solo podrían ser palabras de desánimo sino pensamientos de desánimos, esos pensamientos pueden estar plantados en nuestra mente por nuestra historia de vida, educación, temperamento, complejos, malas experiencias o el mismo diablo porque como dice acá, el mundo espiritual existe.
Lo espiritual lo enfrentamos con oración y meditación en la Palabra de Dios, lo demás con la renovación de nuestra mente a través de la Palabra de Dios (Romanos 12:2). El conocimiento de Dios que lo adquirimos mediante la meditación en la Palabra de Dios es lo que transforma nuestra mente y pensamientos caídos a la mente de Cristo, es un proceso continuo de renovación que dura toda la vida. En 1 Corintios 2:16 dice: “…más nosotros tenemos la mente de Cristo”.