Esta historia esta en el libro de Nehemías capítulo uno. Es la historia de un judío exiliado en Babilonia que tenía un cargo de enorme confianza ante el Rey Artagerges, él era el copero del Rey, o sea, el encargado de velar que el vino del Rey sea de la mejor calidad y sobre todo que no esté envenenado. Su posición no era cualquier cosa y requería una enorme responsabilidad ante todo un Imperio.

Los libros de Esdras y Nehemías nos relatan el regreso del pueblo de Israel del exilio, la oposición que sufrió ese pueblo y la fidelidad de Dios en cumplir sus promesas con ellos. También nos habla de la centralidad de la Palabra de Dios en medio de su pueblo.

“Nehemías es un ejemplo admirable del liderazgo eficaz de un hombre espiritual. Tuvo una visión para lograr una meta. Después de analizar los problemas, decidió tomar las medidas apropiadas. Motivó a otros y compartió su visión y les integró activamente en ellas. Delega autoridad y asigna tareas. Supervisa la obra hasta que el proyecto sea ejecutado y terminado”, W. Mc Donald.

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Nehemías presenta cualidades fundamentales para que Dios le use como un líder de restauración, la primera es empatía, él estaba bien, él gozaba de un trabajo de altísima responsabilidad e influencia, él no necesitaba nada, pero tuvo empatía hacia la gente, celo de su fe y patriotismo. Nehemías como todo buen líder amaba a su pueblo y buscaba el bienestar de ellos y por sobre todo, tenía celo de su Dios, amaba y dependía enteramente de él.

El nombre de Nehemías significa “Jehová a dado consuelo”.

En el capítulo uno y el verso uno nos da detalles de cuando fue el tiempo que vivió, no fue una leyenda, o un mito, es historia, por eso da todos los detalles para que pueda ser corroborado.

El verso dos y tres nos cuenta el reporte de cómo estaba su pueblo en Israel.

El verso cuatro nos muestra su reacción: se sentó y lloró, hizo duelo y ayuno y oro a Dios.

La tristeza y el desánimo son emociones que todos los seres humanos tenemos en mayor o menor medida y en varias circunstancias de nuestras vidas. ¿Quién no se sintió triste o desanimado alguna vez? Pero vemos que él no quedó en esa etapa, él actuó, no permitió que esa situación lo agobie al punto tal de perder las esperanzas e hizo lo que todo creyente debería de hacer en esas etapas de su vida: buscar a Dios en oración.

Primero vino el shock, lloró e hizo duelo, reflexionó, dejó que el dolor tome su lugar para tratarlo, asumió la situación y luego de unos días tomó una decisión: buscar a Dios.

Suelo decir que la tristeza no es pecado, Jesús estuvo triste, Dios también manifestó tristeza, el Espíritu Santo también se constriñe, lo que Dios condena es la amargura, no la tristeza. La tristeza nos hace reflexivo, nos humilla y nos lleva al arrepentimiento.

El punto es que Nehemías no queda ahí, él toma una decisión: orar y ayunar, buscar a Dios. El Salmo 46:1 dice “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”

David en un momento sumamente difícil dice: “Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová que hizo los cielos y la tierra”, Salmo 121:1. Cuando Jesús estaba triste, oraba.

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