Hace algunos días, leyendo un medio de prensa, he visto que Enrique López Arce, especialista en empleo, dijo que la situación del desempleo en Paraguay es preocupante.

Y es verdad, pues cada día que pasa la cantidad de desempleados a nivel país, en vez de disminuir, va en aumento sostenido, incidiendo en forma directa en los niveles de pobreza y de extrema pobreza.

El trabajo que viene haciendo la Dirección de Empleos a su cargo en la ANR es destacable, pues a través de las muchas ferias de empleo ya realizadas han logrado que miles de jóvenes e incluso personas que ya superaron la barrera de los 50 años puedan encontrar una fuente de trabajo y lo más destacable es que no se tiene en cuenta para nada su simpatía política, habiéndose ya visto beneficiados 40.000 paraguayos, algo destacable que forma parte de la responsabilidad social de dicha nucleación política.

Lamentablemente, los niveles de demanda siguen superando ampliamente a la oferta, y lo peor de todo es que hasta ahora al menos lo seguimos usando como una buena excusa a la pandemia sanitaria del covid-19.

El gran problema que arrastramos se llama informalidad en el empleo, donde en las pymes no menos de 6 de cada 10 que trabajan en dicho sector lo hacen informalmente, pues al no tener estas empresas la misma “espalda” que las de tamaño corporativo, sumado a ello el ingreso masivo ilegal de mercaderías de todo tipo, no les “da el cuero” para poder pagar el salario mínimo legal a sus empleados.

Sería lo ideal, por supuesto, que la informalidad desaparezca y que el 100% pueda acceder a dicho nivel salarial, derecho a jubilación y prestación médica en el IPS.

En estos momentos, respecto a nuestro país, en función a análisis técnicos realizados por expertos economistas señalan que tenemos la peor perspectiva de crecimiento dentro de la región, acompañado de la más alta tasa de desempleo llegando a un 8,5%, la más elevada en los últimos 15 años, situación anómala cuya solución es competencia directa de nuestras autoridades, pero da pena decir que lo que menos les interesa es la “salud” del bolsillo de nuestra gente, perdiéndose el tiempo en inútiles plenarias donde el tema principal es político y eleccionario, y ninguno de nuestros legisladores dan recetas de cómo podremos salir de esta profunda fosa en que estamos sumidos y conste que dicen ser “representantes del pueblo”.

La situación de informalidad y violación de derechos laborales en nuestro país muestra signos de agravamiento en los últimos años, ya que las posibilidades de acceso a una fuente de empleo formal, salvo que sean empresas de tamaño corporativo, cada vez se hacen más difíciles, agravándose consecuentemente la razonable angustia de muchas personas, muchísimos de ellos padres de familia que no tienen dinero tan siquiera para comprarse medio kilo de carne. Muy triste todo.

El actual gobierno ya tiene a su favor apenas el saldito de un crédito del 20%, por lo que no tenemos esperanzas de que la situación de aquí a un año pueda revertirse favorablemente, quedando ya casi seguro en manos del próximo gobierno esta difícil herencia de encontrar las alternativas que permitan poder ir superando la angustiante situación laboral de nuestros compatriotas, a lo que se agrega ahora esta inflación galopante, en que los precios de los productos de consumo cada vez se incrementan más, deteriorándose sensiblemente nuestra capacidad de compra y estándar de vida.

Esperemos que para el próximo año nuestro país pueda llegar al anhelado grado de inversión en la calificación de riesgo, lo cual ayudará bastante para que potenciales inversionistas extranjeros puedan tomar la decisión de venir a radicar aquí sus capitales, lo cual estaría coadyuvando a la posibilidad potencial de la creación de nuevas fuentes de trabajo para un país apenitas en vías de desarrollo, pero donde vemos dentro del PGN cada año montos multimillonarios en gastos rígidos (pagos de sueldos y otros beneficios a servidores públicos), yendo en detrimento directo de otros propósitos prioritarios como calidad educativa y salud pública.

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