Vamos hacia la conquista de nuestros sentidos. Son los que nos impulsan a realizar los pasos diarios. A llevar adelante nuestros proyectos. A detenernos, a movilizarnos, a pedir ayuda, a dar una mano. Somos nuestros rasgos sembrados, cultivados, alimentados, desarrollados y puestos a disposición de los entornos que habitamos. Esas características vigentes nos dan energía, nos estimulan a participar, a socializar junto a los demás. Gordon Willard Allport (1897-1967), psicólogo americano, consideraba que un rasgo es una característica relativamente estable de la personalidad que permite que una persona se comporte de cierta forma.

Es posible darle durabilidad a las intenciones que construyen e iluminan el andar de la humanidad. La capacidad de persistir puede moldear la esencia de los rasgos cardinales que marcan la especificidad del ser que los posee. Lo dominante en cada uno influye indefectiblemente en la identidad del sujeto. Se aprende a descubrir qué nos distingue a unos de otros, y eso es relevante porque así se fomenta la diversidad y se amplían las perspectivas de los criterios que surgen.

Los rasgos le dan entereza a la existencia. Ellos permiten conocerse, valorarse y motivarse. Todos esos ejes individuales pueden ser expresados y utilizados en el universo de las relaciones. Así se puede crear una secuencia constructiva entre las palabras que vinculan a las hazañas elementales que suceden en nuestras vidas. Entonces al hablar de los fines que cada cual persigue es necesario ahondar en las cualidades que tenemos para hacer viable la concreción de los mismos. Y para eso los atributos pueden ser perfectamente utilizados, así la integridad fortalece cualquier vínculo. Es la entereza interna la que facilita la extensión de las condiciones alcanzadas a través del tiempo. Por lo que podemos preguntarnos, ¿cómo aprovechamos nuestras especiales distinciones personales?, ¿con qué periodicidad se dan paso y nos acompañan?

La pirámide del crecimiento no tiene una delimitación material, su base y su elevada estructura se cimienta en el poderío psíquico del ser humano. El profesor Allport también identificaba a los rasgos centrales, y en ellos citaba a la inteligencia y a la honestidad. Estas dos referencias fenomenales unidas en una conducta pueden superar cualquier límite imaginado.

Lo significativo de la vida tiene mucho que ver con lo vivenciado honestamente. Se describen los hechos de acuerdo a los principios que los sostienen. Por lo tanto, el uso de la razón exige interés, ganas, disposición, dedicación y disciplina para ahondar en las características positivas que dinamizan los comportamientos constantes. Además, ante la permanente capacidad de actuar se muestran los rasgos secundarios, que según Gordon W. Allport están relacionados con las actitudes o las preferencias, conforme a las situaciones concretas que las personas viven.

Por lo tanto, nacen una y otra vez las iniciativas pregonadas por cada uno; dando paso a la voluntad de sentido, que empuja hacia dónde dirigir los esfuerzos que producirán las satisfacciones individuales y colectivas.

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