• Por Augusto dos Santos
  • @augusto2s

Ayer, durante la emisión de su programa sabatino, Leo Rubin se preguntaba cómo era posible que Pedro Castillo, un maestro de campo, sindicalista, con bajísimos volúmenes de seguidores en las redes (¡sin Fanpage en Facebook!), pudo haber llegado tan lejos en los tiempos en que construir política por fuera de las redes se considera casi una misión imposible.

La cuestión planteada por Leo es un enorme reto y supone deconstruir prejuicios y preconceptos para ponerse a indagar con curiosidad científica. Algo parece seguro: en esa complejidad de una campaña política todo es inestable: a) el territorio, b) los votantes, c) la opinión pública. A los “campañólogos” les encanta las comparaciones (odiosas) como cargar en el cuenco de selvas, sierras y valles del Perú el patrón de una campaña en la agitada Piccadilly Circus, solo porque eso “funcionó” para el brexit.

Sin embargo y antes de conversarnos sobre el juego de las inestabilidades, vale hacer una salvedad antes de que sea tarde: el caso de Pedro Castillo, aun con el enorme aporte a la reflexión, sigue siendo una excepcionalidad. No existen razones objetivas para creer que la mejor performance en redes es menos aportante a una victoria electoral que la ausencia de tales recursos.

Dicho esto, la pregunta siguiente a la cuestión planteada por Rubin sería: si la opinión pública no funciona motivada por las redes sociales, ¿cómo funciona? De hecho, es una interrogante cuasi centennial, pero vale. Resulta que esa opinión pública funcionó siempre, antes de las redes, antes de los medios y seguirá funcionando como una nube digestora de diferentes estímulos, incluyendo dentro de los estímulos a potentes distorsionantes, como los estudiados por Hash Salomon (1951) y Noelle Neuman (1977).

(Salomón generó experimentos que demostraron que si una mayoría absoluta sostiene determinada mentira, menos de un 25 por ciento de los ciudadanos se animaría a enarbolar la verdad para contraponerlos. Noelle Neuman en su “Espiral del Silencio” dice que es muy probable que los ciudadanos se sumen a una expresión dominante en la opinión publica, estuviera o no convencido de ello).

Quizás el asunto clave es preguntarnos quién agenda a la opinión pública.

En este capítulo tendríamos algunos actores claves: los medios de comunicación, las redes sociales y los actores políticos parecen estar parados en el podio. Algún detallista se preguntaría por dónde se expresa el poder económico y, por cierto, lo hace esencialmente a través de los medios y los actores políticos. El músculo poderoso que instaló la red social es incluir como accionista activo de la opinión pública al contrapoder (contrapoder que fue casi abandonado por los medios que se convirtieron en competidores por el poder), potenciar factores como la indignación y ensanchar el universo de los obstinados por la verdad de Salomón y de la minoría arrollada por la versión dominante de Noelle Neuman.

Retomemos aquí lo de Pedro Castillo: quizás no sea estrictamente real que Castillo operó sin redes sociales. Probablemente hubo demasiada red social a favor de Castillo, solo que ella no estuvo suscrita por el candidato. Hay momentos políticos en que –sin lugar a dudas– los duendes de la decisión se escapan de los partidos políticos y abren su PC en la opinión pública. Las últimas elecciones en Paraguay fueron elecciones definidas por la opinión pública: Lugo pos-Nicanor del 2008, Cartes pos-Franco del 2013, las internas de la ANR en el 2017.

No cabe duda de que las elecciones del 2023 serán definidas en esta misma nube. El error estratégico está en descreer de la vida propia de la opinión pública (de sus metabolismos ordinarios y extraordinarios) y creer que son solo las redes, o los medios, y no entender, como sí entendió Pedro Castillo, que se trata de una interacción compleja que incluye visitar las casas, montado sobre un caballo, con un sombrero y sin celular. Porque, finalmente, como decíamos en un comentario del 9 de abril del 2018, “Abrazo mata tuit” https://www.lanacion.com.py/columnistas/2018/04/09/abrazo-mata-tuit/.

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