• Por Jorge Torres Romero

Andrea es madre soltera, tiene un hijo de 8 años y vive con ña Ñeca, la abuela de 75 que tiene algunas enfermedades de base. El niño, único hijo, se muere de ganas de volver a la escuela. Su madre no quiere saber nada de las clases presenciales por proteger a la abuela. Esa señora espera ansiosa el mensaje de texto en su teléfono celular en el que le indiquen el día y la hora que debe ir al vacunatorio para ser inmunizada.

Abuelas como ña Ñeca hay un montón. Adultos mayores que hoy están internados en los hospitales o sencillamente fueron víctimas del virus y ya no están soñando con ser vacunados. Lo que tanto se temía que ocurra en nuestro país finalmente pasó y por lo visto seguirá pasando. Personas usurpadoras que aprovechan su situación de privilegio en detrimento de otros.

El usurpador se apodera, expolia, confisca, apropia, quita, arrebata o incauta en alguna cosa más de todo de un derecho o una dignidad como si fuera propia. Esto fue lo que hizo la senadora Mirta Gusinky y otros cuantos más. Desde el Ministerio de Salud confirman que la legisladora fue inmunizada en su propia casa, junto con una secretaria.

Por donde se lo mire es uso de influencias para beneficio propio. Gusinky no debe seguir en el cargo como representante del pueblo ni un segundo más. El director de la XVIII Región Sanitaria ya perdió el cargo por este escándalo; sin embargo, algunos legisladores siguen dubitativos para tomar decisiones, como el propio presidente del Congreso, Óscar “Cachito” Salomón, quien plantea previamente una reunión de mesa directiva, luego convocarla para su descargo y otras cuestiones que solo buscan dilatar el asunto. El motivo: Gusinky es aliada del presidente del Senado y del grupo de “opositores” cómplices que le permitieron usurpar una banca que no le correspondía.

La senadora nos negó el viernes cuando charlamos con ella en la radio que haya sido inmunizada. ¿Se le puede dar el beneficio de la duda o no? Y no, porque Gusinky ya forma parte de esa larga lista de políticos que perdieron la dignidad y la vergüenza a raíz de sus actos. Aquella señora con quien casi todos los paraguayos, excepto algunos que no se dieron por enterados, nos hemos solidarizado por el irreparable dolor de perder a una hija en las circunstancias más crueles, ha perdido la decencia al optar aliarse con quienes ella misma acusaba de ser cómplices del asesinato de su hija a cambio de usurpar una banca en el Congreso.

El caso Gusinky es el reflejo de la podredumbre política. Grafica la actuación de ese típico político del que Paraguay necesita desprenderse. Desde Salud, por lo menos dieron una señal esperanzadora, si bien supongo que debe ser imposible controlar a todos sus funcionarios, el mensaje que lanzaron es claro. Contaron la verdad del caso y rajaron a quienes serían los responsables. Ahora el Congreso debe hacer su parte. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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