Aristóteles y sus enseñanzas, aquel tiempo y hoy. Hay pensamientos que son lecciones eternas, incluso se transforman en antecedentes relevantes para la creación de nuevas visiones sobre la diversidad de ideas que el histórico griego propuso. El nacido en la ciudad de Estagira en el 384 a.C. ha dejado un imponente legado. Aristóteles falleció en Calcis, en el 322 a.C., es considerado, junto a Platón, el padre de la filosofía occidental.

Para conocer hay que ahondar en las propiedades que forman parte del objeto de estudio. Por eso, la esencia requiere detalles, atención y disposición para ser demostrada. En su obra “Acerca del alma”, tratado escrito aproximadamente en el año 350 a.C., expuso una mirada sobre las afecciones que la aquejan, en ese tiempo captó cómo alma y cuerpo padecían juntos. Y lo describió a su manera, así lo dijo: “Las afecciones del alma, por su parte, presentan además la dificultad de si todas ellas son también comunes al cuerpo que posee alma o si, por el contrario, hay alguna que sea exclusiva del alma misma. Captar esto es, desde luego, necesario, pero nada fácil. En la mayoría de los casos se puede observar cómo el alma no hace ni padece nada sin el cuerpo, por ejemplo, encolerizarse, envalentonarse, apetecer, sentir en general”.

En un paso por las mentes de su tiempo, el maestro griego expresó lo que consideraban al respecto del alma. Demócrito y Anaxágoras, movimientos y sensación, vitalidad y autonomía, intelecto creador de armonía y orden. Empédocles y los elementos, así el amor con el amor y el odio con el odio, mientras que para Platón lo semejante se conoce con lo semejante.

Entre la secuencia de las interpretaciones hizo otras distinciones, que permitían centrarse en los distintos tipos de almas en los seres vivos y expuso: “Los que afirman que el alma es lo caliente pretenden que zên (vivir) deriva de zeîn (hervir); los que afirman que el alma es lo frío pretenden que psyché (alma) deriva su denominación de psychrón (frío) en razón del enfriamiento (katápsyxis) resultante de la respiración”.

En el libro, citado precedentemente, apela a los sentidos, a las sensaciones, a la imaginación, al movimiento, a las causas, al principio; hace un análisis del deseo, el cual se constituye en la potencia motriz del alma. Dándole al bien realizable a través de la acción el carácter de ser lo que es. Donde el alma se representa en potencia y acto. Mientras que la mente, es decir el intelecto, tiene una condición inmaterial.

El valor, la osadía, el miedo, la dulzura y la compasión, entre las tantas manifestaciones que puede sentir y vivir el ser humano, se encuentran en esa reflexión que el filósofo realizó al describir su pensamiento sobre el alma y la implicancia posible en el cuerpo.

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