• Por Felipe Goroso S.
  • Columnista político

Arthur Ignatius Conan Doyle fue un célebre escritor y médico británico, nacido durante el año 1858 en la ciudad escocesa de Edimburgo. Este escritor es famoso mundialmente por ser padre y creador, del famoso personaje literario Sherlock Holmes. Las aventuras de este conocido detective inglés hicieron las delicias de todos sus lectores desde su lanzamiento en el año 1891, siendo en la actualidad el personaje de novela policíaca por excelencia.

En Escándalo en Bohemia, el primero de los 56 relatos cortos de la que, es considerada por muchos su obra cumbre y en plena investigación de uno de los misterios, su inseparable compañero Watson teoriza sin aún tener todos los elementos sobre la mesa y lanza una hipótesis, a lo cual Holmes responde con la siguiente frase: “Es un error capital teorizar antes de tener datos. Inevitablemente, uno tergiversa los hechos para demostrar sus teorías, en lugar de las teorías para adaptarse a los hechos”. Era la forma en la que Sir Conan Doyle exponía una de sus frases más famosas, suyo significado tiene que ver con lo que se considera uno de los principios fundamentales en cualquier emprendimiento: para poder comenzar a desarrollar una hipótesis exitosa, antes debemos poseer todos los datos disponibles. La misma se aplica también en nuestra vieja amiga la política, donde con mayor asiduidad de la recomendable se ve cómo se desarrollan estrategias y tácticas (muchas veces millonarias en presupuesto) sin, previamente, realizar investigaciones, encuestas, sondeos, grupos focales que le den sustento a las proyecciones y a los siguientes pasos en la línea de tiempo que significa una campaña o, ya estando en gestión de gobierno, de alguna organización.

En Paraguay, los políticos o una mayoría de ellos (para ser justos y precisos en la crítica) son reacios a invertir en investigaciones en algún momento de una campaña o ya liderando instituciones u organizaciones. Elementos absolutamente subjetivos y por lo tanto muy alejados del profesionalismo que nos exige la política en estos tiempos como el olfato, el estómago, el viento norte o algún que otro mano santa, siguen teniendo preponderancia y son fuente permanente de consulta o como elementos para la toma de decisiones estratégicas. Y así nos va. Esa es la regla. Y como toda regla tiene su excepción, cuando las encuestas se usan como herramientas de propaganda. Ahí sí se encuentra predisposición para poner plata, porque son de esas encuestas que se hacen para hacer campaña, para tontamente instalar conceptos, candidaturas, imagen, temas que benefician a lo que se cree son intereses válidos.

Para estas operaciones se necesita cómplices, usualmente se encuentra en algunos medios de comunicación y, obviamente, algunas empresas encuestadoras. El papel de los medios es clave e indispensable porque estas mediciones están pensadas para ser publicadas, de lo contrario no cumplirían con su objetivo de hacer propaganda.

Por eso es preferible siempre optar por aquellas mediciones que no se publican, esas a las que muy pocos acceden y sobre todo esas que se usan para tomar decisiones estratégicas y evaluar escenarios y acciones posibles. De esa manera, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, dará un gran paso en la búsqueda de la profesionalización que la mayoría de la población reclama con justa razón.

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