“Duele decirlo, pero hay que decirlo”

Para no pocos, en el 2021 la economía experimentará prácticamente sin duda lo que llamamos el efecto rebote con un salto técnico traducido en mayor producción y actividad económica global. No de calidad, realmente, más de cantidad, pero salto al fin. Un subir práctico porque sencillamente la economía cayó en el 2020 tocando suelo por lo que por inercia propia significa que ahora rebotará. Eso es todo, eso será todo. El cuadro que acompaña la nota con los últimos datos del Banco Mundial (BM) sobre el desempeño de las economías de la gran región latinoamericana y caribeña muestra claramente que en la totalidad de los países se producirá el efecto del salto hacia arriba. El efecto rebote. En nuestro caso, estiman un crecimiento o salto del 3,5% para este año, en términos del Producto Interno Bruto (PIB), cálculo que en el informe de enero pasado indicaba una suba del 3,3%.

Una leve variación positiva en la actualización. Para el Banco Mundial (BM) nuestra economía habría caído -1,1% en el 2020, después de -0,4% en el 2019 y del 3,2% en el 2018. Un conjunto de tres años que se pueden considerar malos para la gente en general, con sectores que por varios motivos no corrieron la misma suerte adversa. Pero en economía lo que importa es el todo o el conjunto como balance global y como tendencia. No lo particular o lo sectorial, lo anexo, los exclusivamente beneficiados por la marcha económica. Hay que sopesar muy bien lo que fue bueno con lo que fue malo. Si miro hacia atrás podría decir con seguridad que la gente en su mayoría la ha venido pasando mal desde junio del 2018, si de ponerle fecha al principio de la malaria económica se trata.

Para no pocos, a su vez, lo que podría ocurrir en el 2021, habiendo tanta incertidumbre y barreras –la vacunación masiva y la paz mundial son realidades favorables que deberían darse– es que el llamado efecto rebote en la economía sea más técnico que humano, más de cantidad que de calidad, más de producción concentrada que de ganancias generalizadas y convenientemente distribuidas. Con las heridas económicas y sociales abiertas y aún no cerradas, lo feo no es mentira, y después de nuestra segunda ola de la pandemia covid-19, que en marzo nos destruyó más que nunca, sin soluciones en el horizonte para tener la seguridad de vivir, gracias al Gobierno más incapaz después de los de Raúl Cubas Grau (siniestro por cierto) y Luis González Macchi (haraganería, ineficacia y corrupción), este último de la mano de Calé Galaverna, más diablo que podrido.

En consecuencia, lo justo y correcto sería no crear falsas expectativas en la gente. Claro está que es mejor tener un efecto rebote que una recaída económica. Otro retroceso en el 2021 mirando hacia atrás el comienzo de las penurias en el 2018 es peor que lo peor. Aún con sus limitaciones y contradicciones el efecto rebote nos empuja hacia adelante. No a todos, pero no a pocos. Sanar las heridas abiertas demandará años. Es como pensar en el largo plazo. Pero ya lo dijo un famoso economista mundial: en el largo plazo todos estamos muertos. Pensando y concentrándonos en el corto plazo, lo que haría más humano que técnico el marchar de la economía con la gente a bordo sería el cambio y mejoramiento de la estructura y administración del Estado.

En el contexto actual no hay otra alternativa, ni otra salida. Y en salvar vidas y salvarnos está su prioridad. Es lo urgente y lo importante. Poner la salud de la gente en primer lugar. El presidente Marito cree y dice que lo hizo todo bien, con algunos errores pequeños, que merecen el pedido de disculpas. Falso. Ha tenido la cobardía de no redireccionar recursos del presupuesto a la salud. Pudiendo hacerlo. De Obras Públicas, por ejemplo. No ha tenido la inteligencia de dictar que todo el incremento en las recaudaciones de impuestos con respecto al año pasado pasen a salud. Y ha sido más inoperante que González Macchi en la obtención de las vacunas. ¿Cómo lo llamarán en el futuro a Marito? El Presidente de los Cementerios. Was gesagt werden muss, muss gesagt werden. Duele decirlo, pero hay que decirlo.

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