EL PODER DE LA CONCIENCIA

Cuando hace unos días se desataba el sangriento amotinamiento en la penitenciaría de Tacumbú, por las redes sociales corrieron grotescos videos y fotos de lo que sucedía en el interior del penal. El salvajismo fue notorio no solo por los 7 asesinatos y decapitaciones, sino por el actuar corporativo de los presos, que para calmar los ánimos en un momento llegaron a exigir que no se tomaran represalias, ocultando que dentro se habían perpetrado aberrantes crímenes, que pretendían quedasen impunes.

En uno de los videos viralizados se puede ver a los reos haciendo una arenga colectiva, con armas blancas y palos apuntado hacia el cielo, con fuego y humo como decoración del escenario y una canción gutural unísona que retumbaba entre los muros: “¡Jungla! ¡Jungla! Jungla!”.

La mayoría de los internautas escuchó sin entender, pero era el grito de guerra que indicaba que solo el más fuerte sobreviviría en esa jungla.

Intentar ver Tacumbú desde el espacio es casi imposible, es un grano de arena en el desierto. Esa minúscula construcción, que tiene una superpoblación aproximada de 4.000 personas privadas de su libertad, es el reflejo de la desidia de las autoridades y una afrenta a cualquier programa de reinserción social o derechos humanos.

Intentar ver Tacumbú desde el espacio es casi imposible; sin embargo, observar todo el planeta es menos complicado... aunque notar las semejanzas entre esa penitenciaría y la gran cárcel esférica en la que vive la humanidad es realmente difícil.

Casi al mismo tiempo en que los presos recordaban la jungla en la que viven, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, alertaba una vez más sobre la gran desproporción que se observa en la distribución de las vacunas anticovid en el mundo: “Solo 10 naciones han administrado el 75% de las dosis hasta el momento y 130 países no han recibido ninguna vacuna”, decía, al tiempo que hacía público el contrato entre la Unión Europea (UE) y el laboratorio Moderna de EEUU, nada menos que por 150 millones de dosis “adicionales”... más otras 150 millones para el año 2022.

Como en Tacumbú, en el planeta los privilegios están a la orden del día. Son 300 millones de dosis para los “amigos” europeos que exhiben su condición de seres superiores y con derecho a la vida, en tanto que para los demás... ¡Jungla!

A la hora de sobrevivir poco importan los escrúpulos es la consigna del egoísta, que en este caso se convierte en una falsa premisa porque, como bien lo explicó Guterres, “si se permite que el virus se extienda como un reguero de pólvora en el sur global, mutará una y otra vez. Las nuevas variantes podrían ser más transmisibles, más mortales y, potencialmente, amenazar la eficacia de las vacunas y los diagnósticos actuales. Esto puede prolongar la pandemia de forma significativa, permitiendo que el virus vuelva a asolar el norte global”.

Y tenía razón. Un estudio publicado por la revista eLife confirmó que una mutación del SARS-Cov-2 presente en las variantes brasileña, británica y sudafricana, convierte al virus en hasta 8 veces más infeccioso en células humanas si se compara con el surgido en China en diciembre del 2019.

A Paraguay llegaron las primeras 4.000 dosis, que servirían para inmunizar a unas 2.000 personas desde pasado mañana. Son realmente pocas, nada, en tanto que las esperanzas depositadas en el mecanismo Covax que “garantiza” el acceso universal a la vacuna se convierte en una dolorosa ilusión.

Según Clarissa Etienne, directora de la OPS, hasta el momento fueron inmunizadas casi 63 millones de personas en América –la mayoría en el Norte–, pero advirtió que al menos se necesitan 700 millones para inmunizar la región.

Sin vacunas y con muchas promesas, en Paraguay tenemos algunos puntos (problemas) de los que debemos ocuparnos y los que hasta ahora no se mencionan.

Siguiendo la lógica utilizada por el Ministerio de Salud Pública, tras recibir el personal de blanco sus dosis, la inmunización de la población general continuará mediante los 63 vacunatorios habilitados en el país.

Para acceder a las vacunas, el ciudadano tendrá que inscribirse en la página del ministerio. Si de milagro la app no colapsa, la aplicación de la vacuna se hará a través de la convocatoria por parte de la cartera estatal mediante mensajes, con el día, la hora y el lugar acordado.

Las interminables colas se evitarían, pero, ¿se prevé un lugar para que toda la gente recién vacunada aguarde (sin aglomeración) durante dos horas una posible reacción a la droga? Es sabido que tras la inmunización un porcentaje de pacientes presenta una reacción grave que puede ser mortal en caso de que no se reaccione de forma inmediata. El lunes no habría problema puesto que los beneficiados serán todos personal de blanco, pero, ¿y cuando le toque a una persona de riesgo?

Apenas son 2.000 los que recibirán la vacuna desde el lunes y todos son entendidos en medicina, por lo tanto resultará más fácil de surgir una crisis. Son pocos y todos profesionales, pero detrás vendrán 7 millones que no saben de reacciones anafilácticas mortales ni cómo enfrentarlas.

Se deben prever situaciones que ya se dieron en otros países, tras la aplicación del inmunizante. No sea que el paciente acuda para seguir viviendo y muera en el intento. Sería como escuchar “¡Jungla! ¡Jungla!” por los pasillos de los vacunatorios.

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