Dentro del proceso de análisis y evaluación de riesgos de créditos, nos detenemos con mayor pulcritud a evaluar la evolución de los números de las empresas que conforman los rubros del balance de situación y cuadro de resultados.

Es válido, pero hay que tener en cuenta siempre que si nos concentramos solamente en lo cuantitativo, estaríamos viendo solo “una parte de la película”, y lo recomendable siempre es tenerlo a la vista no solo a los árboles sino a todo el bosque en su conjunto.

Para las entidades financieras crecer en pasivo, a través de un mayor flujo de depósitos de sus clientes resulta a veces complicado, dependiendo del comportamiento/evolución que pueda observar nuestra macro y microeconomía.

Dada la retracción económica que se observa en diversos segmentos de negocios, las facturaciones han descendido bruscamente, tornando el flujo de depósitos disminuido, lo que por ley de la oferta y la demanda, hace que para atraer un mayor caudal de depositantes las tasas pasivas tiendan a incrementarse, afectando a las activas aplicadas a los préstamos. Lo cual hoy día no estaría aconteciendo, dado que las entidades financieras están más cautas al momento de sus desembolsos crediticios.

La “torta de los depósitos” hoy día se reparte entre los bancos y financieras sumadas a las cooperativas de ahorro y crédito y de producción, sector que ha observado en los últimos años un crecimiento y expansión importantes a nivel país.

Si bien crecer en activos históricamente ha sido menos complicado, siempre lo recomendable es trabajar con un portafolio de créditos que pueda gozar de la “mayor salud posible”, por lo que las entidades no deberían descuidar los parámetros establecidos en sus procesos de créditos.

Riesgo cero “no existe”, siempre habrá que tomar todas las precauciones necesarias, pues así como se dan factores que son controlables, también los tenemos a los incontrolables (factores climáticos adversos, volatilidades de precios en el mercado internacional, entre otros afectando a las financiaciones orientadas a los sectores de agribusiness) y que podrían incidir en los índices de morosidad, obligando a las instituciones a tener que clasificar adversamente las deudas de sus clientes, conforme a lo establecido en la Resolución 1/07 del BCP, los que en la medida en que se incrementan “golpean” directamente al cuadro de resultados, dado que a peor clasificación adversa, corresponde una mayor previsión.

Los riesgos nunca llegan por sorpresa; sino que nos avisan a través de diferentes síntomas, actitudes y acontecimientos.

Un buen monitoreo no sólo permite controlar y velar por el buen fin de los créditos concedidos sino también le da a cada una de las instituciones financieras la posibilidad de incrementar sus niveles de rentabilidad dentro del conjunto relacional con sus clientes.

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