EL PODER DE LA CONCIENCIA

Por Alex Noguera

Periodista

alexnoguera230@gmail.com

En esta semana ocurrieron varios hechos que quedarán en la historia y que merecen análisis profundo, entre ellos el asalto al Capitolio estadounidense, cuna de la democracia moderna en occidente o el peligro de la censura de las grandes redes sociales, que lentamente se convierten en cercenadores de la libertad, por más que le den otro nombre.

Otro tema que fue menos impactante, pero que sí tiene relevancia es la prostitución de la justicia, que actualmente también le llaman de otro modo: algo así como “reparación del daño social”.

Por estos días, en el caso Imedic, la defensa ofreció 50 camas de terapia para “zafar” del proceso penal. El abogado de las imputadas –por nada menos que asociación criminal, producción y uso de documentos falsos y comercialización de medicamentos no autorizados– solicitó a la Fiscalía una salida alternativa y para eso ofreció 50 camas de terapia intensiva, cuyo valor aproximado es de 350.000 dólares. Según la prensa, la solicitud será analizada por los agentes fiscales Marcelo Pecci y Susy Riquelme. Ofende este tipo de propuestas.

Hace que veamos a los abogados defensores como celestinas que buscan que no se castigue un delito; hace que los que deberían acusar –y por tanto defender a la sociedad– duden de si deben o no castigar las malas acciones y también hace que el que debe juzgar piense en hasta cuánto estaría dispuesto a ofrecer el malhechor por no recibir el castigo que merece... y tal vez le alcance un poco a él, sin que nadie lo sepa. Total, en el país en el que por gentileza hasta los pastores regalan termos cuyo valor alcanza para alimentar a una familia, no pasa nada.

Ofende, porque se prostituye el concepto de justicia. Es decir, el ladrón debe ir a la cárcel por más que devuelva lo robado. Es lo que establece la razón, de lo contrario todos robaríamos habitualmente y solo en caso de ser descubiertos devolveríamos el capital ajeno y seguiríamos como Johnny Walker, tan campantes, listos para el siguiente golpe. Con un poco más de cuidado, claro.

Pero no. La ley que viene de arriba dicta que para que se conceda el perdón, antes deben cumplirse ciertos requisitos. El primero es confesar el pecado; segundo, arrepentirse de corazón de haber pecado (y tratar realmente de no reincidir); tercero, reparar el daño ocasionado y, cuarto, pagar la mala acción con un castigo.

Con las proposiciones deshonestas, el que hubiere cometido el pecado paga por no ir a la cárcel pero no por haberlo cometido, tampoco se arrepiente. Por el contrario, al salirle mal el “negocio”, inmediatamente buscará otra oportunidad en la que pueda ganar más para compensar la pérdida anterior.

Evidentemente no entiendo nada de justicia. O tal vez los que sí entienden olvidaron su significado y el valor que tiene.

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