Por Eduardo “Pipó” Dios

Columnista

La famosa “reactivación”, palabra casi o tan usada como “reinventarse”, se ha convertido en la muletilla de todos los actores políticos, económicos y sociales últimamente, y "gracias "a la pandemia, no solo aquí, sino que en todo el mundo.

Pareciera que todos saben de qué hablan, pero cuando hurgás un poco te das cuenta de que todos saben que es, pero nadie sabe cómo carajos hacerla realidad.

La venta de humo está a la orden del día. Que va a venir la súper empresa multinacional, que la obra pública, que el sector privado, que los créditos…etc., etc.

Por otro lado, el solo hecho de que haya menos restricciones que antes, en el sentido pandémico de la cuestión, no significa que todo haya vuelto a la normalidad.

Los negocios se reabrieron, al menos muchos de ellos, pero lejos estamos de los niveles medianamente aceptables, aun los que se consideraban ya críticos en la prepandemia. No estamos ni igual que antes, que ya estábamos mal, o sea seguimos peor.

¿Menos peor? Puede ser… pero peor no es bueno ni en mayor o menor medida, sobre todo para el que sigue sin trabajo, o sin ingresos o sin ganar lo necesario para mantenerse o salir a flote.

¿Qué podemos hacer? Recetas hay miles, algunas suenan descabelladas, pero muchas veces en el riesgo está la ganancia. No solo tenemos que reabrir o financiar la reapertura de las empresas, del tamaño que sean estas, sino tenemos que generar confianza y liquidez para que las mismas vendan lo que producen o comercializan. Ya vimos que la gastronomía, que volvió hace varios meses, con limitaciones, es cierto, ha tenido un lento y hasta penoso avance que no se podría llamar ni recuperación aún. El cliente también desapareció, no solo porque no tenía dónde ir sino que unos se desacostumbraron a ir, otros tienen miedo aún, y los más, no tienen con que pagar.

Entonces hablar de fomentar el consumo también debería ser parte del discurso de los actores de la economía y la política nacional. El cómo hacerlo también debe ser parte del debate, ni quebrados al medio, como estamos, hemos conseguido que los que nos enchufaron la maldita ley de topes a las tasas de tarjetas de crédito hayan levantado el culo de la silla para ver qué hacer para volver atrás y ver, si de esa manera, el sector financiero, privado, como siempre, se anima nuevamente a considerar sujetos de crédito a esa gran masa a la que la dichosa ley populista y mal parida dejó en manos de los usureros de siempre, beneficiando a un pequeño sector con tasas de primer mundo, y condenándonos a una crisis que comenzó con la ley y en la que el covid fue solo la cereza de la torta.

No es el único camino, pero es uno de ellos, ¿que tal si empezamos a ver qué hacemos, o vamos a seguir esperando milagros que no llegan?

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