"Fue un sueño hecho realidad, las sensaciones que experimenté en este estadio fueron de las más bonitas de mi vida", dijo Stanley, quien de niño "miraba a los atletas correr y saltar en las Olimpíadas como si fueran verdaderos superhéroes, como Súperman o Flash y empecé a soñar con ser uno de ellos".
Stanley no pudo ofrecerse como regalo de cumpleaños una clasificación a semifinales de los 400 metros, tras cumplir 25 años el viernes, después de ser eliminado en primera ronda.
Empero, "me siento feliz de haberlo dejado todo en la pista, no me guardé nada, solo que el cuerpo humano tiene un montón de variantes y en ocasiones no te responde como esperas", dijo Stanley, que fue sexto en la quinta serie, con un tiempo de 47.21 y ocupó el puesto 40 entre 49 participantes.
Stanley, nació en Tucumán, Argentina, y desde pequeño se radicó junto a su familia en Asunción, atendiendo a compromisos laborales de sus progenitores.
De niño tuvo un fugaz pasaje como remero, hasta que recaló junto a su hermano en las pistas de atletismo.
En 2009 se distanció del deporte y de los estudios afectado por el fallecimiento de su madre, pero poco después recobró el ímpetu.
El año pasado marcó un jalón en su carrera deportiva, al batir el récord más antiguo del atletismo paraguayo, el de los 400 metros, vigente casi cuatro décadas, en poder del actual presidente de la Federación Paraguaya de Atletismo, Francisco Rojas, desde los Juegos Olímpicos de Múnich-1972.
Sus peldaños inmediatos fueron el Sudamericano de Buenos Aires, en el que ocupó la cuarta plaza de la clasificación y el Mundial de Daegu, donde terminó en el puesto 29º en la primera ronda, entre 36 participantes.
Stanley, de cabello rubio, 1.89 metros de altura y 80 kg, finalizó en el presente año la carrera de Ingeniería en Electromecánica en la Universidad de Asunción, como preámbulo de un sueño con ribetes de ciencia ficción: Londres-2012.
"La estrategia de carrera fue salir con todo, porque antes no lo hacía y llegaba sobrado al final. Esta vez ocurrió a la inversa, llegué quemado (extenuado), todavía me tiemblan las piernas", explicó apenas concluido el esfuerzo.
Ahora, se apresta a quitarse nuevamente las zapatillas de correr para acudir al encuentro de los conocimientos técnicos y preparar su tesis de graduación, apenas regrese a Sudamérica.